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Martes, 14 de marzo de 2006
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AL GRANO
El peaje en su contexto
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EL presidente Areces se muestra satisfecho por la medida aplicada por el Gobierno central para rebajar el peaje del Huerna. Tras estudiar distintas alternativas, el Gobierno ha decidido liberar al transporte pesado del pago del 30% de la tarifa, lo que afectará a 535.000 tránsitos durante el presente año.

Esa disposición implica asumir un gasto de 2,8 millones de euros por la Administración central.

A Zapatero, en pleno aluvión de críticas, hay que reconocerle que es sensible a las promesas electorales, tanto da que impliquen un repliegue de tropas, la reforma del edificio institucional del Estado o la rebaja de un peaje de autopista. Ahora bien, cuando las promesas electorales son un disparate el honor a la palabra dada trae más inconvenientes que beneficios.

El caso de la rebaja del peaje del Huerna nace del exceso de un mitin, cuando prometió suprimir el peaje, con las encuestas dando por ganador a Rajoy. Para invertir la tendencia del voto, Zapatero anunció lo que nunca debería haber anunciado, porque el peaje del Huerna lo había prolongado caprichosamente el PP para contar con más financiación a la hora de hacer obra pública. En vez de criticar la penalización impuesta por el presidente Aznar a los asturianos y a sus mercancías, se descolgó Rodríguez Zapatero con la promesa de la supresión del peaje, un objetivo de imposible materialización porque implica una indemnización multimillonaria para la empresa concesionaria de la autopista.

Con estos precedentes, la rebaja del peaje es una buena noticia, aunque su cuantía quede muy alejada de la promesa electoral. A mí lo que me sorprende es que la privatización de la autopista y la prolongación del peaje no hayan tenido casi ninguna contestación en Asturias (incluyo a los empresarios) y, sin embargo, el rescate parcial de la tarifa suscite tantas quejas.

Resulta increíble que el Partido Popular considere que puede sacar plusvalías políticas del debate sobre el peaje de la autopista del Huerna, cuando fueron ellos los que voluntariamente lo prolongaron por 29 años. Bien pensado, la explicación a tanta paradoja está en las particularidades de la legislatura 2000-2004, con Aznar apoyado en una mayoría absoluta y los líderes más rojos de nuestra región abrazándose con sus ministros.



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