EL miedo, como todo, tiene su definición. Y, atendiendo a tal definición, debería haberlo tenido en las películas de miedo. O sobre todo en tales películas. Pero no fue así. Por lo que pasármelo fenomenalmente en una 'de miedo' me acomplejaba. Y hasta tenía envidia de mis amigos, que gritaban aterrorizados a coro con el resto de los espectadores, saltando olímpicamente de las butacas, clavándose uno a otros los pelos de punta, o sea, la punta de los pelos, escapándoseles los bocadillos de mortadela de las manos, de tanto escalofrío por sus cuerpos delgados, regordetes, todos ellos cubiertos de un sudor frío con el que salpicaban hasta la pantalla.