Desde su estudio de Compacabana, con una fisura en la clavícula y el siglo apuntando su próximo cumpleaños, el maestro Niemeyer sigue dando lecciones de mundo. Totalmente ajeno a la polémica que se ha levantado en este lado del Atlántico -muchas otras han acompañado sus formas-, cuando se le pregunta por el destino de su obra contesta con la importancia de la vida. Dice que si pudiera elegir, elegiría hacer mil y una universidades y que lo único que desea es que el «mundo sea mejor» y «el hombre más modesto». De momento, se conforma con dibujar sobre el papel sus sueños, pelear contra la mediocridad y defender «con modestia» el futuro del proyecto asturiano.