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Jueves, 16 de marzo de 2006
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MOTOR
 Actualizado: 1.27 a.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
BRITÁNICO. Lewis Hamilton, concentrado sobre una de las ruedas del coche. / E. C.
Motor
Cada vez que uno de los grandes magnates suelta la lengua, la Fórmula-1 empieza a hacer cábalas. Cualquier comunicación -canalizada siempre a través de conductos oficiales, ajena a las confidencias o las charlas con un café de por medio- resulta sospechosa por dirigida. Rara vez sucede algo de forma casual. Ayer le tocó el turno a Ron Dennis, el patrón de McLaren, el futuro equipo de Fernando Alonso a partir de 2007 y hasta 2010. «En términos de contrato es posible que pilote para nosotros, pero si domina la GP2 podría ser atractivo para otras personas también», dijo Dennis. El destinatario de su alocución se llama Lewis Hamilton.
 
Javier Villa está desde ayer en Francia para participar en los penúltimos ensayos de la pretemporada antes de su debut en la GP2, de cuya parrilla será el piloto más joven.
Valentino Rossi se ha mostrado preocupado por el rendimiento de su Yamaha a poco más de una semana del comienzo del Mundial de MotoGP, en el circuito de Jerez. El campeón del mundo afirma que los últimos entrenamientos «fueron los peores de todo el invierno» al notar una vibraciones en su máquina que su equipo no sabe atajarlas.
Sepang será de nuevo este fin de semana escenario de la lucha entre Fernando Alonso y Michael Schumacher. Viene al recuerdo la imagen del joven asturiano emparejado con el alemán cuando, en 2001, Fernando pilotaba un Minardi y levantó el dedo para felicitar a un Michael ganador, al que saludaba de coche a coche. En aquella época también coincidieron los dos pilotos en el mercadillo de Jalang Petaling, dando una vuelta por los chiringuitos.
 

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