Si tuviéramos la paciencia de ir anotando todas las encuestas que en los últimos meses se dedican a evaluar la situación de nuestra comunidad y el estado de satisfacción de sus habitantes, no sería difícil coincidir en que nos encontramos ante una situación de crisis permanente.
Lo peor de tales datos no es su carácter repetitivo y monótono, sino la interpretación de sus resultados. Hay quienes viven en estado de bonanza continua, por mucho que caigan chuzos, sin que falten otros, más pragmáticos, que piensan que si la economía está seriamente dañada, no es conveniente lanzar muchos aplausos, aunque sea al aire.
Quienes se muestran siempre seguros de que lo hacen bien, son los políticos, así que para ellos lo más lógico es echar la culpa del mal tiempo a los meteorólogos, que, en su opinión, se equivocan con frecuencia, sobre todo cuando no coinciden sus predicciones con la línea del horizonte que ellos habían dibujado en sus promesas electorales.
Si bien es cierto que la inmensa mayoría de nuestros políticos se muestran muy satisfechos con el batallón al que pertenecen, a veces surgen algunos casos aislados. Se trata, en esas ocasiones, de personas sensatas que, al mirar para adentro, sienten mareos y, por ello, deciden ir al oculista, antes que continuar mirando el mundo con sus gafas particulares.
Vean sino lo ocurrido con el tirador de élite de las Fuerzas Británicas, que, cansado de echar humo por la ametralladora, decidió echarlo por la boca y abandonó las armas.
Todos sabemos que no se pueden sacar soluciones radicales de la chistera, pero no estaría mal que, de cuando en cuando, la pusiéramos a renovar, aunque sólo sea para cambiar el color de los discursos. Sin duda que no existen soluciones mágicas que pongan remedio inmediato a nuestra situación, pero de ahí a mostrar siempre el mismo semblante de engreimiento, revela un trecho largo de ignorancia, en el mejor de los supuestos. Entre otras preocupaciones, los asturianos (incluidos los de nuestra Cuenca, naturalmente), citan el paro y la vivienda, lo que significa que la falta de pan y de techo es algo más que una referencia literaria.
Siempre se dijo que entre la realidad y la ficción no hay más que un paso. Aunque, en este caso, habría que decir un denso pedazo de niebla, para ser más exactos.