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Jueves, 16 de marzo de 2006
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OSCAR NIEMEYER ARQUITECTO, PREMIO PRÍNCIPE DE ASTURIAS DE LAS ARTES
El PP dice que «si hay museo» se hará en la capital
El maestro brasileño se confiesa «acostumbrado a trabajar con la polémica» y asegura que «tanto el auditorio como la sala de exposiciones se ciñen rigurosamente a lo solicitado desde el principio»
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Desde su estudio de Compacabana, con una fisura en la clavícula y el siglo apuntando su próximo cumpleaños, el maestro Niemeyer sigue dando lecciones de mundo. Totalmente ajeno a la polémica que se ha levantado en este lado del Atlántico -muchas otras han acompañado sus formas-, cuando se le pregunta por el destino de su obra contesta con la importancia de la vida. Dice que si pudiera elegir, elegiría hacer mil y una universidades y que lo único que desea es que el «mundo sea mejor» y «el hombre más modesto». De momento, se conforma con dibujar sobre el papel sus sueños, pelear contra la mediocridad y defender «con modestia» el futuro del proyecto asturiano.

-¿Por qué decidió obsequiar su anteproyecto?

-He recibido mucho cariño de la Fundación Príncipe y las manifestaciones de aprecio deben ser recíprocas.

-De momento es poco más que una idea. ¿Cuándo se presentará el trabajo definitivo?

-El anteproyecto ya ha sido entregado. La segunda etapa será adaptarlo al terreno y eso estará listo en sólo unas semanas.

-¿Cuántas personas trabajan en él?

-Para mí, un proyecto de arquitectura tiene un sentido muy personal, y solo defino mi equipo de colaboradores después de tener las soluciones proyectuales finales. Así que, de momento, es solo cosa mía.

-¿Están determinados ya los usos del centro y en qué medida influyen en el diseño?

-Claro que están definidos. Con solo levantar las cubiertas de la maqueta se puede ver la solución proyectada para los espacios interiores. O sea, para el auditorio, la sala de exposiciones y el mirador.

-Al principio se habló de un museo y ahora ha quedado claro que se trata de un centro cultural. ¿Han afectado los cambios a su proyecto?

-Pues la verdad es que no, porque tanto el auditorio como el espacio expositivo se ciñen rigurosamente a lo solicitado desde el principio. Ahora se puede hacer alguna modificación, pero será de poca importancia y fácil adopción. El planteamiento general siempre ha sido el mismo.

-¿Cree que su edificio debería estar dedicado por entero a la Fundación Príncipe?

-Ese es un asunto ajeno a la arquitectura y me permitirá por tanto que no opine.

-Volviendo entonces a su terreno. ¿Ha pensado ya en los materiales?

-La elección de materiales es algo que solemos hacer más adelante, precisamente, en la etapa de desarrollo que vamos a comenzar.

-Uno de los volúmenes, el que se dedicará al auditorio, tendrá forma de ola. ¿Es un guiño a la cercanía del mar?

-No, lo es a mi manera de trabajar. Me encantan las curvas y lo he ideado así porque es la forma que más me gustó. Simplemente.

-No conoce el lugar donde se va a levantar el museo, ¿verdad?

-En realidad sí, aunque por fotografías. Mis colaboradores han estado allí.

-¿Cuántos lugares fueron barajados para decidir el definitivo?

-El terreno elegido atiende bien al programa arquitectónico o, como lo llaman los arquitectos españoles, al programa de necesidades que me han enviado desde Asturias. Es decir, atiende a las necesidades, la finalidad y los usos pretendidos. Además, es llano y amplio. Tiene todo lo necesario. Eso es cuanto puedo decirle.

-¿Se puede hablar de costes?

-Sólo tendré una idea más precisa de los costes después al finalizar el desarrollo del proyecto.

-¿Y ha llegado a Brasil la polémica generada por su proyecto?

-Le diré que estoy muy acostumbrado a trabajar con la polémica. Pero espero que, como viene ocurriendo, cuando mi proyecto esté concluido, sea un incentivo al desarrollo cultural y turístico de Asturias.

-¿Cree que sus obras se entienden mejor ahora, con el paso del tiempo?

-Con el paso del tiempo y los avances de la técnica, ciertos aspectos de la arquitectura pierden el factor sorpresa que antes provocaban. Sin embargo, las personas más sensibles siempre comprenderán y admirarán el valor de la obra.

-¿Qué opina de la arquitectura española?

-Una vez el arquitecto finlandés Alvar Aalto declaró que «no hay arquitectura ni antigua ni moderna, sino buena o mala arquitectura». Sobre esa premisa puedo decir que la arquitectura de España me gusta particularmente.

-Usted vivió varios años en Europa, ¿dejó influencia en su obra?

-Pues creo que no. Para el arquitecto es fácil mantener las características que marcan su arquitectura, al adaptarla por ejemplo, a las diferencias de clima que pueda encontrar en un país diferente al suyo.

-¿Le preocupa el futuro de sus edificios?

-El mundo es tan perverso y todo es tan frágil y pasajero que nunca me he preocupado por eso. Está claro que le he dedicado mi vida entera, pero siempre afirmo que la vida es más importante que la arquitectura. Lo que deseo es que un día el mundo sea mejor y el hombre más modesto frente a este universo que no le pertenece y que tanto admira y maltrata al mismo tiempo.

-¿Está más cómodo creando un museo, una universidad o una sede parlamentaria?

-Más cómodo, no sé. Más útil, bajo mi punto de vista, es levantar una universidad. Creo que al final, la enseñanza es la base de todo. Debería ver la Universidad que proyecté en Constatine, en Argelia. En lugar de veinte edificios destinados a cada facultad, propuse únicamente dos grandes bloques, uno de aulas y laboratorios y otro para la administración, la biblioteca y el comedor, para que los alumnos tuvieran más contacto e intercambian experiencias. Se trata de prepararlos para ese mundo perverso que les está esperando y que un día modificarán.

-¿De todas sus creaciones cuál es la niña de sus ojos, su preferida?

-He puesto en todas, con mi mayor dedicación y todas son un poco de esta arquitectura a la que he dedicado toda mi vida.

-¿Sigue teniendo su trabajo un toque de rebeldía?

-Si el tono de rebeldía al que se refiere es contra la mediocridad, es posible que siga siéndolo. Yo hago mi arquitectura con el mayor entusiasmo y eso me basta.



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