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Sábado, 18 de marzo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Cupletista y cupletóloga
Olga María Ramos dio ayer una conferencia en el Ateneo Jovellanos en la que rindió un sentido homenaje a la magia del cuplé
COLEGIATA. Olga María Ramos, ayer, durante su conferencia en Gijón. / SANDRA NAREDO
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De casta le viene el casticismo a Olga María Ramos, hija de la gran Olga Ramos, que ayer ofreció en la Colegiata de San Juan Bautista, en Gijón, la conferencia cantada 'La magia del cuplé', organizada por el Ateneo Jovellanos. «Cupletista y cupletóloga», se declara. Y las razones que explican la cupletología son sus investigaciones en torno a «un género musical que tiene una gran riqueza cultural, como demuestran sus letras, en las que se refleja toda una sociedad y sus personajes característicos». 'Crónica de una época' es, precisamente, el título del libro que escribió al respecto.

En cuanto a la versatilidad del cuplé, Olga María Ramos apunta su capacidad para albergar «desde el pasodoble al chotis». Eso sí, siempre apelando a un alma en el que se dan la mano «lo pinturero y lo fino». Que fuera Gijón la plaza de su disertación la hacía sentirse particularmente satisfecha «porque gijonés era Juan Martínez Abades, uno de los autores fundamentales del cuplé, que escribió temas tan hermosos como 'Flor de té' o 'Mimosa'».

Recordando a su madre -Tico Medina ha dicho que es «la genial hija de un genio»-, comentó que sin duda en su genio «hay muchos genes, porque se puede tener un buen oído, sentido rítmico y de la cuadratura; pero si no hubiera visto a mi madre actuar durante tantos años todo hubiera sido distinto, ha sido fundamental».

Reconoce que su progenitora le planteó seria oposición cuando ella misma decidió incorporarse al mundo del arte: «Hube de luchar mucho, no lo tuve fácil, porque entonces lo normal era que los padres que eran artistas no quisieran que sus hijos siguieran sus pasos». Al final, se impuso la vocación e incluso recogió el apoyo materno para estudiar canto, «en un momento que estaba atravesando problemas familiares».

Arte y terapia. Y de ahí también a la composición, pues Olga María Ramos ha firmado más de cincuenta cuplés y continúa poniendo nuevas rúbricas.

El modelo que sigue es respetuoso con la historia: «Yo creo que los géneros han de mantenerse como son, ciñéndose a los cánones. Otra cosa es que se puedan hacer coplillas improvisadas, pero cuando se trata de inspirarse en un género clásico hay que preservar todo su encanto».

Y en el centro, Madrid, «porque a Madrid iban todos los que querían triunfar en el cuplé, aunque proceda de Francia, donde se hacía de un modo más frívolo». Acudiendo a la memoria, recuerda que «tal vez la única madrileña de nacimiento fuera La Fornarina y, sin embargo, las alusiones a Madrid son constantes, en 'El relicario', en 'La violetera'...».

El 'cuplé verde'

Naturalmente, acepta la relación que se establece entre el cuplé y la picaresca, a condición de que «no se pase de la picardía a la obscenidad. Basta con la mirada, con la intención». En ese mismo sentido alaba «el ingenio de los letristas para burlar a los censores, que ponían todas las trabas posibles». El llamado 'cuplé verde' «nunca lo hemos cantado las Olga».

Le consta, por otra parte, que las nuevas generaciones «están muy interesadas en el género. Yo hago fiestas privadas y son muchos los jóvenes que me llaman». Otro referente lo tiene en su programa de Radio XXI, seguido por una gran audiencia, donde mezcla el cuplé con otras músicas: «dedico media hora a la música clásica, porque al final de lo que se trata es de ganar a la gente para la cultura».

La añoranza que le queda es el cierre de su local de la calle de La Palma, 'El último cuplé': «A veces, Madrid resulta un tanto ingrato con los suyos».



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