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Domingo, 19 de marzo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Blockbuster o el fin de una época Internet se convierte en una nueva forma de videoclub
La cadena más popular de alquiler de películas echa el cierre. En sólo un año, el 20% de los negocios del sector seguirán la misma tónica
ESCAPARATE. Dos jóvenes observan el interior de uno de los dos Blockbuster que hay en Gijón. / E. C.
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En el sector se lo olían hacía tiempo. Los gastos de Blockbuster, sobre todo en alquiler de edificios y nóminas, no se correspondían con los ingresos de un negocio a la baja. Por eso, hasta tres personas consultadas para la elaboración de estas líneas empezaron la conversación con un título manoseado: la crónica de una muerte anunciada. En efecto, antes del 15 de mayo echarán el cierre las tiendas de esta cadena en la Península, una decisión que tiene mucho de símbolo y que, como ya adelantó EL COMERCIO, afectará en el Principado a las seis tiendas que la cadena tiene en nuestra región: tres en Oviedo, dos en Gijón y una en Avilés. Lo que significa que sus más de 25 empleados serán despedidos.

Jorge Pastoriza, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Videoclubs, abre su ordenador para explicar de forma gráfica el titular de este «drama»: los ingresos del sector disminuyeron en 2005 un 40% respecto al año anterior. «La venta de películas de las compañías a los videoclubs «sólo» cayó un 23% -explica-, pero la repercusión final es mucho mayor. La diferencia se debe a que las tiendas tienen que seguir comprando películas, aunque luego no las alquilen». Pastoriza añade que en España hay unos seis mil videoclubs, pero que en el plazo de un año caerá el telón sobre el 20% de esas puertas.

Los responsables de Blockbuster han apuntado a la piratería para explicar el declive de su negocio, los números rojos de su cuenta de resultados (5,5 millones en 2004). Y José Manuel Tourné, responsable de la Federación para la Protección de la Propiedad Intelectual (FAP, fap.org.es), tira del mismo hilo.

Las tres piraterías

En 2005, según sus datos, hubo 8.394 actuaciones policiales en las que se intervinieron 1.200.640 películas. «Hace un año y medio que hemos solicitado medidas urgentes -asegura-, porque tenemos un enfermo muy grave. La respuesta del Gobierno, el plan antipiratería, tiene algunos elementos interesantes, pero no es una solución inmediata».

Tourné habla de una piratería en forma de tridente. El top manta, la venta callejera (diecisiete millones de películas en 2004); internet (16 millones de descargas) y una tercera vía en su opinión «más dañina», las copias para los compañeros de trabajo o amigos (treinta y siete millones). «¿Me tuestas 'Crash'», oímos en la oficina, una frase tan habitual que a nadie sorprende. Según estos datos, la piratería callejera tiende a la baja, «porque el público empieza a considerarlo un delito y porque algunos ayuntamientos persiguen a los compradores», mientras que internet y la distribución entre conocidos se multiplica día a día.

Negocio moribundo

Las formas más o menos discutibles de hacerse con una película han debilitado este negocio hasta el extremo que nos recuerda el 'caso Blockbuster'. Pero este ejemplo habla además de «un nuevo tiempo», como lo define Sidney Borjas, director de estrategia audiovisual de la Sociedad Digital de Autores y Editores (SDAE). «En los últimos años hemos visto el cierre de incontables tiendas de discos y la multiplicación de las ventanillas online. Ahora, con más y mejores líneas ADSL, le toca el turno al vídeo. Es irreversible».

De momento, las tiendas de la cadena ya han empezado a liquidar sus existencias, poniendo a la venta muchos de los artículos que tienen en alquiler a precio de seminuevo. La SDAE puso en marcha hace tres años una plataforma tecnológica, www.lacentraldigital.com, especializada en preparar contenidos (discos, películas) para su comercialización en la red de forma segura y legal. Hoy, proporcionan música a Terra, MSN o Itunes y películas a Imagenio, Jazztel, Ya.com o Wanadoo.

Precisamente, el despegue de Imagenio ilustra la nueva forma de ir al videoclub, sin salir de casa. Dice Sidney Borjas que el alquiler de sus productos (cine español, independiente, clásico) aumenta un 30% al mes en esta plataforma. A partir de ahí, imaginar el futuro inmediato es sencillo: «Desaparecen los continentes, permanecen los contenidos. Y disminuirá la piratería, porque con alternativas online de calidad, seguras y a buen precio, los aficionados empezarán a desconfiar de las copias malas».



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