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Martes, 21 de marzo de 2006
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MOTOR
 Actualizado: 9.43 a.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
La segunda prueba del Mundial vivió de nuevo una victoria del equipo Renault, que, como hiciera el año pasado, ha iniciado el campeonato en tromba. La temporada pasada, Fernando Alonso basó buena parte de su éxito en un inicio arrollador, que, sin embargo, fue peor que el de la presente campaña. Entonces, las dos primeras carreras se saldaron con triunfos de Fisichella y Alonso en Australia y Malasia. Este año el comienzo ha sido similar, con victoria del asturiano en la prueba inaugural de Bahrein, que a priori parecía más complicada por los tests realizados allí por Ferrari y Honda, pero que, sin embargo, fue ganada por Fernando con autoridad.
 
El termómetro de las sensaciones ha descrito la misma parábola en Alonso durante los dos primeros fines de semana del Mundial. Vacaciones el viernes, estrés el sábado y alivio el domingo. O lo que es lo mismo, día libre en la primera sesión de entrenamientos, agobio en la decisiva jornada de calificación y sabor a victoria en carrera, en el verdadero mano a mano con los demás pilotos y monoplazas. El campeón del mundo lo tiene claro: Renault y él mismo tienen que mejorar los sábados.
Muchas carreras, dieciocho, cuarenta días de entrenamientos y, por si fuera poco, cincuenta o sesenta de eventos promocionales. Alonso ya no sólo es un piloto. Se mueve desde hace tiempo en un nivel superior: ahora es ya una maquinaria que no se detiene. El domingo, tras reunirse, como es habitual, con sus ingenieros tras la carrera, poco tiempo más tuvo que el imprescindible para tomarse una ducha y hacer la maleta antes de dirigirse al aeropuerto de Kuala Lumpur, volar -con escala en Singapur- hacia Tokio -aterrizó a las cinco de la mañana-, dormir un par de horas y empezar una maratoniana jornada de compromisos publicitarios.
 

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