Un día sí y otro también. Cotidiana y tristemente parece que nos acostumbramos a ver su imagen desconsolada y exhausta sobre la playa del Gran Tarajal. O de Tarifa. Huyen de un infierno cotidiano y como diría Dylan están llamando a las puertas del cielo, a las puertas de Occidente. Leemos subsahariano y un mundo de espanto y de terror se nos viene a la mente. Sin embargo, otros, otros subsaharianos llevan años denunciando esa situación, quizá clamando en varios desiertos, pero no dejan de alzar la voz y la palabra. Como Wole Soyinka, nigeriano, o subsahariano, si lo prefieren, y Premio Nobel de Literatura.
Soyinka participa hoy en los actos del Día Mundial de la Poesía promovidos por la Unesco y la Fundación. «Todos sabemos -explica- que la inmigración está producida por la cantidad ingente de problemas sociales, políticos y económicos que se dan en muchos países de África. La gente preferiría ganarse la vida en su propia tierra, pero mientras esas situaciones no se corrijan harán todo lo que puedan por escapar. Mientras existan tales conflictos estos países rebosarán de gente descontenta y hambrienta capaz de todo».
En primer plano de esta celebración está el homenaje a Leopold S. Senghor, el primer presidente de Senegal, poeta, ensayista y dramaturgo y uno de los mas grandes intelectuales que ha dado África.
Cincuenta años después ¿se puede considerar a Senghor el gran padre de la cultura africana, sigue vigente su teoría de la negritud? «No se puede hablar de Senghor como el padre de la cultura africana, porque ésta existe desde hace miles de años. Pero sí es el gran el gran patriarca de la cultura africana del siglo XX. Nadie duda de la relevancia de la cultura europea, por qué dudar de los valores de la negritud. Lo que Senghor y el resto de los apóstoles de la negritud hicieron fue mostrar que existían ciertos aspectos únicos que diferenciaban a los africanos de los europeos, como su manera de entender las relaciones familiares, humanas y sociales, las distintas filosofías y cosmogonías conforme a las que viven, y la importancia para nosotros del ritmo y de la música».
Soyinka pasó por las prisiones de su país donde lejos de callar compuso parte de su obra. Parece obvio (aunque necesario) preguntarle sobre la poesía y el compromiso. «La auténtica poesía siempre es una deriva de la sociedad en la que nace, crece y se hace». No es hora ya de preguntarle a Soyinka qué es la poesía, sino más bien es momento de interrogarle para qué vale, si es o puede ser tan importante para la vida: «En tiempos de estabilidad, de progreso y de felicidad, la poesía alimenta aún más la alegría de vivir, es una celebración de la vida. En tiempos crueles como los que vivimos, en tiempos de violencia y de brutalidad, la poesía es un consuelo, una expresión de esperanza, un faro que ilumina lo que la Humanidad podría llegar a ser».
Y lo dice alguien que viene de una tierra donde el ser humano, por primera vez se puso de pie. Con palabras como éstas, con palabras como las de Soyinka tal vez vuelva a hacerlo. Ponerse de pie.