Ángel González admitió anoche su curiosidad por el paso del tiempo. También su resignación. Carlos Bousoño, la suya ante el sufrimiento. Pablo García Baena desmenuzó conciertos y dejó puertas entornadas. Derek Walcott habló de injusticia. Soyinka salió de caza nocturna, mientras Charles Carrère homenajeó a Senghor, y Adonis hizo lo propio con los poetas. Todos en verso. Cada uno en su correspondiente lengua materna, del español, al inglés, pasando por el francés y el árabe, convirtiendo el Teatro Filarmónica de Oviedo en una torre de Babel de estrofas, y sonetos. Sobre todo de una armónica musicalidad que se elevó muy por encima del conocimiento políglota. Se celebraba así el Día Mundial de la Poesía.