IVÁN (nombre ficticio) acude al médico frecuentemente, atemorizado porque cree que tiene un cáncer o va a sufrir un infarto. A pesar de que el doctor le ha realizado reiteradas pruebas diagnósticas y los resultados han dado negativos, él sigue obsesionado con estos males. Este joven universitario visita los hospitales ante cualquier mínimo dolor; se hace análisis continuamente aunque no sean prescritos por su médico; se toma el pulso varias veces al día; lee libros de medicina para confirmar síntomas de enfermedades y se queja de estas dolencias ante su familia y en el trabajo; toma vitamina E para prevenir problemas cardiacos y lleva siempre encima pastillas de cafinitrina para evitar un posible infarto.