Los grupos de ciudadanos que ayer esperaban atechados bajo las marquesinas eran iguales a los de cualquier otro día. Ni más numerosos, ni aparentemente más enfadados. Aunque tenían razones para estarlo. Pasadas las ocho de la tarde, las pantallas de la calle de Uría anunciaban un tiempo de espera para la Línea 1 de 37 minutos, cuando lo normal es que pase un autobús cada 15, o 44 para la Línea 2, cuando debería hacerlo cada 10. Si habitualmente la 'Ley de Murphy' se cumple y no da tiempo a consumir el cigarrillo, casi ni a encenderlo, ayer los tiempos de espera fomentaban el vicio.