ANA SORIA / IKER CORTÉS EL PUERTO DE SANTA MARÍA
La melancolía puede ser peligrosa. Atrapa y embriaga, aunque también es tremendamente creativa. Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) y Nacho Vegas (Gijón, 1974) ebrios confesos de melancolía han encontrado en El Puerto de Santa María (Cádiz) un lugar donde dar rienda suelta a su creatividad y traducir en un doble disco la química de una empatía musical que surgió durante la pasada gira Freakshow de Bunbury. «Me invitó a tocar y la cosa se alargó -comenta Vegas-. Hablamos de dónde grabar. Paco Loco me había producido en otras ocasiones y a Enrique le gustaba el sonido. Vinimos un fin de semana para que conociera su estudio y le encantó».
Decenas de bandas de rock independiente han pasado ya por el estudio que el gijonés Paco Loco tiene en la urbanización portuense de Cantarranas. Un lugar apartado de los problemas mundanos, que no de los placeres, donde todas las calles hacen alusión a los viscosos anfibios: sapos, renacuajos, ancas... Y Cantarranas Sessions es el nombre eventual que le han buscado a esta grabación en la que llevan enfrascados un mes y que esperan concluir en estos días. «Ya he-mos grabado la parte instrumental y ahora estamos grabando las voces», explica Bunbury, para quien no les está saliendo rana sino «muy natural» unir dos mundos musicales tan personales y, a simple vista, diferentes como el suyo y el de Vegas. «No estamos buscando algo mestizo, artificial. Estamos pensando poco y encontrando cómodamente lugares comunes».
La idea inicial que tienen es la de publicar un doble CD con ocho canciones cada uno, además de una versión. Aunque, «todavía no hemos hablado del nombre del disco ni del proyecto (probablemente sea Bunbury&Vegas)», sí tienen claro que se publicará a finales del próximo verano.
Lugares comunes
Entrar en un estudio de grabación en pleno proceso de creación tiene un grado de profanación e irreverencia. Las musas andan deambulando entre copas de ron del caro y cualquier extraño podría espantarlas. Bunbury -que parece más visceral y vehemente- bebe en vaso largo, mientras que Vegas -frágil, emerge de su sombra con pocas pero certeras palabras- lo hace en uno corto. La música tiene su propio lenguaje, y el zaragozano intercambia con los músicos onomatopeyas rítmicas y tonales, referencias a ilustres figuras del rock and roll -desde Neil Young a Ringo Starr-, hasta dar con la intención que busca. El gijonés asiente y Paco Loco da la pincelada de la experiencia.
La influencia del productor y de la banda que han elegido -instrumentistas que proceden de otras formaciones, como los Rebeldes o Jarabe de Palo- son los que «hacen que todo adquiera una forma particular que no se definir», explica Bunbury. Con ella ensayaban por primera vez el verano pasado en Gijón. Vegas aún recuerda cuál fue la primera canción que interpretaron aquí: una versión de 'Bravo', que en su día cantó Bambino y cuyo autor es Luis Demetrio. La grabaron hace unos días.Después vendrían más encuentros espaciados en el tiempo, todos ellos en Zaragoza. Poco a poco, como se gestan los álbumes épicos, fueron grabando canciones y repertorio. Pero, realmente, las cosas no han tomado forma hasta que han entrado en el estudio.
Según Bunbury, funcionan «como una banda con dos cantantes o dos compositores, más que como una unión de dos». Para Vegas, acostumbrado también a trabajar tanto en grupo (Manta Ray o Migala) como en solitario, «todo es lo mismo. Que tú lleves las riendas o estés en un grupo es algo coyuntural. Aunque estés a cargo de las canciones, en el estudio funcionamos como una banda. Y al final, todo sonará a un sólo disco, nada irá metido con calzador».
Los dos autores insisten en compartir extensos lugares comunes. «Tenemos una actitud muy parecida hacia la música; unas premisas que son idénticas. Aquello que nos apasiona a la hora de hacer música es lo que nos unió», afirma Nacho Vegas y pone como ejemplo la última canción del álbum que «la hemos hecho juntos».
El ex vocalista de Héroes del Silencio coincide en que el amor por la profesión y la manera de desarrollarla es el principal nexo, pero va más allá y añade «el sentimiento trágico de la vida, como decía Unamuno. Compartimos una cierta mirada melancólica y triste en la forma de abordar las canciones -Paco Loco dice que yo soy el trágico y él (por Vegas) el depresivo-, independientemente de cómo las vistamos después cada uno».
Quien no coincidió del todo con Bunbury y Vegas fue Carlos Ann. Iba a estar presente en este nuevo proyecto pero en la tercera semana de grabación las diferencias eran abismales. «Sus canciones estaban grabadas en maqueta, pero nos dimos cuenta de que él quería hacer un disco diferente y que Enrique y yo teníamos muchas más cosas en común. Así que decidimos entre todos que era mejor así», explica Nacho Vegas.
Tienen la intención de que el proyecto, que verá la luz en septiembre, incluya los temas de uno y de otro mezclados. «Hay canciones que cantamos juntos, otras que son mías pero que canta Nacho y al revés. Ojalá que la gente se confunda y no sepa de quién es cada tema. Sería un gran logro». En este sentido, el ex Manta Ray asegura que «lo bueno es que nos hemos influenciado el uno al otro a la hora de componer».
Todavía está por decidir, pero parece claro que no habrá una gira como tal. «Sólo haremos presentaciones en ciudades determinadas -dice Vegas-, depende mucho de circunstancias y de fechas, no sólo somos Enrique y yo, también el resto de músicos que pertenecen a otras bandas y tienen que girar».
De Norte a Sur
Ambos parecen haber encontrado en el Sur el lugar donde amasar y dar entidad propia a la fusión de dos canteras musicales distintas. «Al final, en este disco hay una amalgama: Gijón, Zaragoza, Barcelona... y está grabado en Andalucía», para el fundador de Manta Ray estar en contacto con el entorno musical zaragozano es algo muy especial: «La gente es de una manera particular. Hay algo que me gusta, ya lo hice con El Niño Gusano. Todos tienen algo; una manera de ver las cosas parecida a Gijón, y en general al Norte».
Aseguran que la larga convivencia no les ha pesado y se muestran encantados de la experiencia. «Me encanta grabar aquí por Paco y su mujer. El estudio es de los mejores de España y el entorno es incomparable». Lo mismo parece sentir Bunbury, que insiste en que «en estas circunstancias y con este entorno, es maravilloso trabajar. El clima acompaña y me encanta el acento de la gente, que ya se me pegará. En realidad, Cádiz me gusta desde siempre: la gente, la comida... las cosas importantes».
Después de la cancelación del último concierto y la nota en su página web parecía que iba a pasar mucho tiempo hasta que Bunbury volviera al ruedo. No ha sido así.
Según su compañero en esta nueva andadura «este disco le ha venido bien para tomarse la música con más ilusión. Se estaba planteando cómo iba su carrera y cómo sería un nuevo disco en solitario, tocar con otros músicos...».
Curiosamente, Cádiz ha resultado el mejor de los refugios posibles para dar cabida a dos nostálgicos empedernidos, aunque como dice la letra de una de las canciones que están preparando para este álbum: «Al final, para un hombre de mundo es muy exótico volver a casa».