Cuando no se juega a nada suele suceder que los partidos acaban sin goles. Eso fue lo que sucedió ayer en Chapín, en un encuentro que tuvo un fútbol con encefalograma plano. El argumento puede ser que así es como se juega en Segunda División, pero es más cierto decir que así es como se echa a la gente de los campos.
Esta vez, Ciriaco no sorprendió con la alineación porque tenía poco que decidir, pero el dibujo táctico fue diferente. El placentino pasó del 4-1-4-1 que en su día comparó con el del Chelsea a un 4-3-3 parecido al del Barcelona, en el que a Gerardo le tocó hacer de Ronaldinho en la banda izquierda. Sin embargo, en la práctica, con Enguix incrustado entre los centrales y los extremos arrinconados mirando más para atrás, con Calandria solo en el ataque, se asemejaba más a un 5-4-1.
El partido sirvió para confirmar el mal momento del Xerez y los motivos de por qué el Sporting lleva una racha lamentable fuera de su campo, sin ofrecer ninguna aspiración por tratar de ganar un encuentro. Lucas Alcaraz, debido a la dinámica negativa del equipo, hizo variaciones en la alineación, con cambio de portero y con un sistema más elástico, al dejar a Camuñas en el banquillo, ya que Iván Rosado es más delantero que enganche. Y hasta se situó por delante de Geijo, lo que transformó el estilo más en un 4-4-2, pero sin mordiente, porque en la práctica el granadino actuaba sin delanteros, lo que era bueno para el Sporting. El hispanosuizo retrasó su posición tanto que le vino bien al conjunto gijonés para tener una defensa más cómoda, a lo que también contribuyó la suplencia de Camuñas.
En el primer tiempo, el Xerez tuvo más ímpetu ante un rival consistente en defensa, que esperaba lo que pudiera salir adelante, que fue más bien poco. Los locales llevaban el peso del partido, pero sin ninguna idea, ya que el jugador más impetuoso era el centrocampista Moreno, con un fútbol rústico. A ello se sumaron las innumerables pérdidas de balón de Álex Fernández y Granero, dinámica que acabó por contagiar a los rojiblancos cuando intentaban formalizar un ficticio juego de ataque.
Ocasiones contadas
No faltaban los brotes de nerviosismo en cesiones imprecisas, pero sucedía en ambos bandos, sin que los teóricos atacantes se aprovecharan de estas situaciones. La insistencia ofensiva en el primer tiempo se resumió en un flojo cabezazo de Calandria, sin problemas para Tete, un chut de Javi Fuego que se le fue fuera por muy poco y dos tiros lejanos de Moreno y Granero, desviados también por poco. El desarrollo del partido llegados a ese punto era insulso, sin tensión, pese a que la grada estaba muy animosa con los suyos, poco agradecidos con la afición azulina.
Los rojiblancos se quejaron de un gol anulado a Pablo Álvarez, ya con el juego parado, por una posición irregular de Calandria previamente. Los locales también lamentaron que el colegiado no indicara penalti en una caída de Moreno, el único de los locales que pisó alguna vez el área rival.
En el segundo tiempo cambiaron poco las cosas y se mantuvo la facilidad para perder el control del balón. El Xerez intentaba tener llegada, pero sin conseguirlo, y el Sporting se defendía sin más pretensiones, aunque sin renunciar a que algún balón esporádico pudiera crear una acción de peligro en su ataque. El problema era que lo hacía con pocos efectivos y sin ningún convencimiento. Cuando el balón llegaba a Gerardo o a Pablo Álvarez los centrocampistas no acompañaban y el equipo daba muestras de obsesión defensiva, para volver nada más perder el control del balón.
El Xerez, en uno de sus avances, disparó a la portería de Roberto, quien en una tarde de descanso detuvo sin problemas el único tiro. Fue cruzado, de Pedro Ríos. La réplica del Sporting, como en el primer tiempo, fue de Calandria, aunque ambos remates fueron flojos y sin crearle problemas al reincorporado Tete.
Objetivo al alcance
Con el calor reinante, un alto grado de humedad y la hierba algo alta y bastante seca, los rojiblancos empezaron a dar por bueno el empate, con renuncia al ataque. El Xerez, con Camuñas en el campo, ayudó a que los de Ciriaco tomarán más reservas. Enguix se encargó del recién incorporado, con Jorge sobre Geijo, aunque el hispanosuizo seguía más fuera del área que dentro y acabó el partido sin un remate, a lo que también contribuyeron los defensas rojiblancos.
En el centro del campo, Juan se fijaba más en Moreno para cortarle todos los avances posibles, y Javi Fuego, sin hacer grandes alardes, se bastaba para ganarle la partida a Álex. La entrada de Pendín no cambió las cosas, porque los rojiblancos se dedicaron a cortarle el ritmo al partido, si es que en algún momento lo tuvo. El míster rojiblanco contribuyó a hacerlo con los cambios cuando el choque se extinguía, para acabar con Raúl Cámara como extremo derecho y Jeffrey de centrocampista ofensivo, por detrás de Calandria.
El Xerez daba la sensación de que no sabía a lo que jugaba, ante un rival que se conformaba con un punto, más valorado por sumarlo en el campo de uno de los 'gallitos', aunque sea venido a menos. El sentido de fútbol de los andaluces se reducía a enviar pelotazos a la zona de nadie, lo que llegó a molestar al público, que transformó los gritos de ánimo en protestas por perder el camino de un ascenso que estaba encauzado hace dos meses. Es evidente que este Xerez sólo puede aspirar a permanecer en una zona anodina, sin aspiraciones de nada, salvo que cambie mucho.
El sopor se mantuvo seis minutos más por la propina del vasco Gardeazábal, protestado en algunas fases de un partido que tuvo muchas faltas, pero ninguna connotación de antideportividad. Lo único censurable es que en Chapín no hubo fútbol.
Lo positivo es que el Sporting se acerca a su objetivo, del que está separado tan sólo diez puntos, para lo que tendrá aún doce oportunidades, además de haber roto el gafe del campo jerezano, donde siempre había sido derrotado en los cuatro precedentes ligueros.