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Lunes, 27 de marzo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
TINTA CHINA
Sencilla fantasía
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No se quieren enterar de que el teatro agoniza, como si sólo fuera un enfermo imaginario. Son así, creyentes del delirio en el que la vida es sueño, aunque sea el breve sueño de una noche de verano. Atrapados en la red del jardín de los cerezos o hechizados por las brujas de Salem. Qué le vamos a hacer.

Hay hombres y mujeres que tienen el buen sentido de conformarse consigo mismos, aceptando la prosa administrativa y gris de la realidad. Benditos ellos.

Los que esperan por Godot, sin embargo, se acogen a la letra y el color de las comedias, las tragedias, los dramas y los pétalos de la rosa púrpura de El Cairo. Acaso sea la fuerza del sino. O tal vez piensen que el gran teatro del mundo es jauja. En esas leguas andan.

No son muchos los llamados a este bosque de Birnam, pero aún serán menos los elegidos que lleguen al Teatro Real. O sea, que se desnudan ante el espectador por amor al arte, sin trucos ni aliños tecnológicos, merendando la sencilla fantasía de la palabra.

Eso es lo que les debemos, la entrada que concede asiento en las filas de la ilusión. Lo demás, es silencio.



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