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Lunes, 27 de marzo de 2006
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CRÍTICA DE TV
Otra Rocío
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ESTÁBAMOS en plena fiebre de 'información' sobre la enfermedad de Rocío Jurado cuando fallecía la otra gran Rocío de la música española, Rocío Dúrcal.Tenía sólo 61 años: demasiado joven para morir. Dos programas de las privadas sirvieron la información en caliente: 'El buscador' de Telecinco, en edición especial, y el 'Ahora' de Antena 3. Ambos ofrecieron básicamente el mismo relato, incluso con imágenes muy parecidas. Después, a las nueve, los informativos de todos los canales incluyeron la noticia en su portada. Además, esa noche había en Telecinco 'Salsa rosa' y el semanario del 'corazón' abrió su programa con la noticia de la muerte. Los colaboradores nos explicaron diferentes pormenores de la vida de Rocío Dúrcal en estos últimos meses, nos contaron su enfermedad y vinieron a decirnos que esto estaba al caer. Una de las periodistas hizo alguna observación inteligente sobre la diferencia entre el seguimiento informativo de la enfermedad de Rocío Jurado y la discreción que ha rodeado a la de Rocío Dúrcal. Es verdad que los medios han respetado a la Dúrcal, dentro de lo que cabe. También es verdad que eso se debe a la estricta raya que la familia impuso a la prensa. Aún así, una de las periodistas de 'Salsa rosa' se permitió la ligereza de insinuar que la fallecida no había seguido convenientemente el tratamiento médico. Hay lenguas que no pueden parar quietas. Otro de los contertulios aprovechó para filosofar brevemente sobre lo público y lo privado en la información 'social'. De todas maneras, el conjunto del material ofrecido fue bastante decente.

Pero lo que hizo 'Salsa rosa' a continuación no pareció demasiado adecuado: seguir con el plan previsto y dar entrada a Carlos Larrañaga, que acudía al plató para responder a las acusaciones de su propio hijo en ese mismo programa. Este tema de los Larrañaga es tan turbio, tan espeso, que se hacía inaceptable ofrecerlo en el mismo paquete que la crónica fúnebre de Rocío Dúrcal. Habría sido mucho mejor aplazar esa historia, que al fin y al cabo forma parte de lo peor del famoseo, y dedicar monográficamente el programa a Rocío, que era la noticia del momento. Ella merecía mucho más en la noche de su muerte.



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