El Pleno del Congreso que hoy ha aprobado la reforma del Estatut de Cataluña ha sido el escenario de un nuevo choque dialéctico entre los partidos del Gobierno y la oposición después de la distensión derivada del alto el fuego de ETA. Rajoy ha sentenciado que el nuevo Estatuto supone el "principio del fin del Estado" y ha advertido a Zapatero de los riesgos de "jugar con fuego" en los debates estatutarios. El portavoz socialista le ha reprochado el uso de "mentiras" en sus críticas a la reforma.
En sus ataques a la reforma estatutaria, Rajoy ha recordado que introducir el término "nación" en el Preámbulo da alas a los argumentos independentistas de Arnaldo Otegi, quien en su día subrayó públicamente que aceptar ese término en el texto estatutario sería "un termómetro" de lo que se podría "hacer o no hacer en Euskal Herria".
El líder de la oposición dedicó duras críticas a la ausencia del presidente del Gobierno durante el primer turno de intervenciones y se refirió a él como "el primer presidente de la historia de España que ha reconocido o admitido que una parte de su país es otra nación", lo que no sucede "en ningún otro país del mundo".
"Nos van a dejar una bomba de relojería que puede estallar mañana o pasado mañana pero que se queda ahí", ha añadido el líder del PP, quien ha resaltado que durante el debate ha oído "muchos argumentos, muchas disculpas y muchas justificaciones, pero no convicciones en el texto por parte de ninguno de los intervinientes".
Por su parte, el portavoz parlamentario socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha acusado al PP de "exagerar hasta la mentira" y hacer "burdas afirmaciones" contra la reforma del Estatuto catalán para esconder que "tiene una enorme desconfianza en las Comunidades Autónomas", aliñada con "una buena dosis de catalanofobia".
Rubalcaba ha arremetido contra el "discurso separador y excluyente" del PP, que "utiliza el consenso como un burladero para esconder sus verdaderas intenciones: vetar esta reforma estatutaria". A su juicio, el PP padece "hartazgo autonómico" y ha desarrollado una estrategia "catastrofista" y "de balcanización" contra los avances descentralizadores impulsados desde el Gobierno.
Un insulto que no constará en acta
En el curso del debate parlamentario ha habido espacio para abucheos, aplausos y rumores pero también para un insulto furtivo dirigido al nacionalista Josep Antoni Duran i Lleida desde los bancos del Partido Popular. El presidente del Congreso, Manuel Marín, ha dado las instrucciones oportunas para que el Diario de Sesiones de la Cámara no recoja el insulto.
El grupo parlamentario de CiU había pedido algún tipo de medida tras el incidente del improperio vertido contra su portavoz ("gilipollas", según los diputados presentes).
Marín ha admitido que el insulto quedó grabado tanto en el acta de la sesión como "en soporte magnético", pero ha lamentado que no haya sido posible identificar al autor.
El altercado de Duran no ha sido el único del debate. En otro momento, cuando la diputada de Eusko Alkartasuna, Begoña Lasagabaster, estaba en el uso de la palabra y era interrumpida por otro diputado del PP, en este caso Carlos Aragonés, se pudo ver a su vecino de escaño en el Grupo Mixto, José Antonio Labordeta, de la Chunta Aragonesista (CHA), tratando de hacer callar con gestos airados al parlamentario popular.
"Tranquilo, José Antonio, tranquilo, que nosotros tenemos más clase para afrontar estas situaciones", ha zanjado Lasagabaster, calmando al veterano parlamentario y cantautor.