Calle de Ramón y Cajal, número 8. Un edificio de cuatro pisos. En su interior, la fábrica textil Amador Sierra, S. A., en la que durante los años 70 trabajaban más de un centenar de mujeres. En los años buenos, en los del pantalón de campana y la incipiente democracia, «se entraba a trabajar a las 8 y se salía a las 18 horas», eso sí, «con media hora para comer y los sábados libres». Pero llegaron los años malos, los de la crisis del petróleo, y esta empresa, que trabajaba para Ike, se vio obligada a frenar las máquinas y cerrar los talleres. El epitafio se firmaba en setiembre de 1980.
Ahora, veintiséis años después, María José García, empleada de esta empresa textil, «una de las primeras en cerrar en la ciudad», se ha encargado de reunir a gran parte de las que antaño fueron trabajadoras de Amador Sierra. Mañana, a las 22 horas, en El Faro del Piles, cerca de 60 de estas mujeres, y alguno de los pocos hombres que formaron parte de la plantilla, recordarán que «hubo momento malos, pero los hubo muy buenos».
María José lleva tiempo preparando este encuentro. Ha mirado, una y otra vez, las fotografías de aquellos años y se muestra «nerviosa y emocionada», ante el reencuentro. Los años han pasado y hay quien no se ha visto desde el cierre. Una de las antiguas compañeras, que se puso en contacto con María José, se asombraba porque tras tantos años no se habían mantenido el contacto: «¿Es posible que viviendo en Gijón no nos hayamos visto?», le decía.
«Eran crías»
Las chicas que llegaban a la empresa eran muy jóvenes. «Eran crías», recuerda, «recién salidas de la escuela con apenas 14 y 15 años». Debido a la edad, se organizaban excursiones y salidas, que en algunos casos tuvieron resultados insospechados. En aquellos viajes surgieron «noviazgos y casorios» y aprovechaban para visitar las fiestas de prau y los bailes.
Cuando la empresa empezó a dar «beneficios», arrancó la organización de comidas. En 1969 se crearía el título de 'Miss Sierra' que, a partir de entonces, recaería anualmente en una de las empleadas. María José explica que lo que se premiaba era «la simpatía». A la afortunada se le entregaban unas flores, un regalo y una banda.
Mañana habrá tiempo para recuperar todos estos recuerdos, para compartir, de manera resumida, todos estos años que quedaron atrás, después del cierre de la fábrica, después de que sus vidas «se tambaleasen».