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Viernes, 31 de marzo de 2006
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POLÍTICA
AL GRANO
El 'Estatut' divide
EL Pleno del Congreso de los Diputados ha aprobado el 'Estatut', con 189 votos a favor y 154 en contra. Al tratarse de una votación nominal, realizada a viva voz, se pudo comprobar que el grupo socialista cerró filas con Zapatero y hasta los diputados más jacobinos, como Alfonso Guerra, Francisco Fernández Marugán o Joaquín Leguina, dieron su apoyo a un texto que define a Cataluña como una nación. El Gobierno y el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, mostraron su satisfacción por el resultado de la sesión plenaria, pero la aritmética no fue nada concluyente: el 'Estatut' obtuvo luz verde por un exiguo margen de 35 votos.

La vicepresidenta, Teresa Fernández de la Vega, dijo que el 'Estatut' es constitucionalmente impecable; ahora hace falta saber si el Tribunal Constitucional está de acuerdo con esa valoración o rechaza algunos artículos del texto y crea una crisis política sin precedentes. De la Vega afirmó que el 'Estatut' es fruto de un consenso forjado en el debate y que integra distintas sensibilidades. Pese al empeño de la vicepresidenta por vendernos la nueva normativa autonómica catalana, el 'Estatut' no responde a ningún consenso, a no ser que llamemos de esa forma a un articulado que suscitó el apoyo del 54,8% de los diputados presentes en la sesión plenaria del Congreso de los Diputados. De la Vega habla de un 'Estatut' de integración, pero es un texto de división, que tiene la rara habilidad de ser rechazado, simultáneamente, por fuerzas nacionalistas, como ERC y EA, y por el PP.

Falta el trámite del Senado, pero tal como están las cosas la operación del 'Estatut' cierra su periplo madrileño de una forma insatisfactoria. No tiene sentido introducir cambios tan importantes en el sistema autonómico catalán, como el vaciado de competencias del Estado, el tratamiento de la lengua catalana, o la soflama nacionalista que encabeza el texto, para ser votado por la mitad de la Cámara. Las ensoñaciones nacionalistas de Maragall han llevado a Zapatero a declarar obsoleto el Estatuto de Sau, que contaba con mayor respaldo, para sustituirlo por un 'Estatut', que no resuelve ninguno de los problemas que tenía planteados Cataluña (estancamiento económico y corrupción) y añade alguno nuevo.



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