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Viernes, 31 de marzo de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
La pintura vuelve a palacio
Javier Riera entra por la puerta grande en las mejores paredes asturianas con una exposición en el Revillagigedo
PINTOR. Javier Riera posa con algunas de las obras de su primera etapa. / SANDRA NAREDO
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Meninas pintadas, esculpidas y versionadas en todas las formas posibles de la imaginación fueron la última oferta artística del Revillagigedo, que se remonta a diciembre de 2005. Desde entonces a hoy, los grandes y pequeños espacios de la casa restaurada de los viejos condes no había vuelto a sostener arte con mayúsculas, pero la pintura regresó ayer a palacio. Lo ha hecho con la joven obra del avilesino (1964) Javier Riera, quien ocupa todo el edificio con una mirada a sus últimos diez años (1996-2006).

Organizada por la galería May-Moré, de Madrid, que ha trabajado, codo con codo, como aseguran sus responsables, con la firma Aqualium Spain (que gestionan Álvarez-Cascos y María Porto), la muestra de Javier Riera, ayer «absolutamente feliz con los resultados del montaje», permanecerá en Gijón hasta el próximo 28 de mayo.

Propone la muestra, casi antológica (la primera exposición de Riera se remonta a 1993) un viaje desde el universo del color y la mancha de los primeros lienzos, a la línea intensa y trabajada, como elemento formal, de su última producción. Se trata de una travesía, que en palabras de Javier Hontoria, comisario de la presentación gijonesa, va de la pintura «emocional o de raíz lírica» al territorio algo más «frío de la imagen y la geometría, como antítesis de lo emocional». En este proceso pictórico en el que, dice el experto, «Javier abandona la idea original de paisaje en su concepto clásico», lo que acaba en el lienzo, en lugar de la propia naturaleza, es «su movimiento».

Del paisaje al negro

En la segunda etapa del pintor, que describe sus diferencias a partir de 2002, desaparece el fondo manchado y con referencias figurativas de los primeros cuadros. Lo que hace Riera al evolucionar es pintar su escenario de un negro rotundo y olvidar todas las manchas de color de los comienzos.

Al final, sobre ese oscuro telón, el avilesino parece observar la misma naturaleza con la que juega desde el principio, pero ahora a través de un microscopio.

En total, se muestran en los dos pisos del palacio 40 piezas de grandes dimensiones, la mayoría. Trabajadas al óleo todas y sobre tela, también la mayor parte, aunque con alguna incursión en papel. Casi un centenar de obras que describen cómo «los cambios se van imponiendo» en la pintura, según su autor, que asegura: «La variación formal no es una búsqueda consciente, es fruto de que hay puertas que se siguen abriendo, mientras vas dejando cosas atrás».



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