Se llama dEmo, así con la mayúscula desoyendo las reglas elementales. Es artista y se ha hecho famoso paseando por la geografía nacional sus ositos de colores, tamaño infante de cinco años. A sus formas llegó tras investigar en las garras legendarias del oso pardo. Cuenta que, buscando y buscando, halló una anécdota que narra la embestida de un plantígrado al plato del rey Favila. Le puso así la historia el oso a la mesa, no sentado, pero sí al acecho. Después él mismo dulcificó al animal hasta hacerlo en lugar de comilón, casi comestible y lo colocó, para citarse por primera vez con Asturias, al borde del mantel de un restaurante de Gijón, el Gallery. Y allí siguen, saludando a los comensales que entran y filtrándose entre los diversos rincones del local, espiando, incluso los platos. Pero dentro de unos días se detendrán a oler florecillas y pasear entre los plataneros del Jardín Botánico de la ciudad.