Cuando ya en la Transición le devolvieron la Cátedra al viejo Gil Robles, al ver que los alumnos le aplaudían al llegar a clase, miró por encima de las gafas y les dijo, que por perder habían perdido hasta el sentido de los valores: «Ustedes hacen como algunas tribus africanas, que silban para mostrar el agrado y aplauden para manifestar el disgusto». Así debieron de parecerle a Héctor Alterio las carcajadas de una parte del público, cuando él estaba dando cuenta del profundo drama acontecido al asesinar a la mujer amada. Como es actor de muchas horas de escenario, no se inmutó tampoco cuando al poco de comenzar su monólogo la gente seguía entrando y haciendo estallar las butacas; o con el concierto de toses. Él protagonista seguía a lo suyo y no es fácil concentrarse en esa situación.
Ernesto Sábato publicó la novela 'El túnel' en 1948. La sociedad occidental ha cambiado en estos sesenta años más que en el resto de la historia. Las relaciones de amor-odio, la posesión desmesurada del artista, incluyendo la mujer amada entre las piezas de su colección, poseen viejas connotaciones con el estudio de los mitos, desde Pigmalión a Frankenstein: creación y destrucción, amor y muerte. Sábato explica, en principio, la dificultad de llevar su novela al teatro, y se complace luego en señalar el acierto de Diego Curatella. El adaptador ha tenido que desdoblar a los personajes, para que a través de lo que nos va narrando Juan Pablo Castel le sirvan para rememorar aquel pasado, donde él conoció a María Iribarne. No todo está bien contado, y la voz poco teatral de Alterio, y algún exceso interpretativo, tuvieron también la culpa de que cierto público se confundiera al apostar por la risa. A fuerza de distorsiones se pierden parlamentos, y eso es negativo en una obra en la que hay que entender el mensaje sociológico de Sábato; un hombre ya entonces acostumbrado a la traición e incluso la cárcel, en la Argentina del peronismo. La obra es para escucharla muy atentamente, y no se ha podido, al menos en butacas alejadas del escenario. Se ha debido a factores externos al montaje, pero también por encaje insatisfactorio de Alterio. Hubo, no obstante, muchos aplausos al final, y saludos de los actores.