El presidente ruso, Vladímir Putin, admitió hace unas semanas que la xenofobia «amenaza la seguridad nacional y erosiona el prestigio internacional de Rusia». Sin embargo, la advertencia parece haber caído en saco roto por que los ataques racistas en el país más extenso de la Tierra son cada vez más frecuentes. El responsable del Kremlin de velar por los derechos humanos, Vladímir Lukín, equivalente ruso del Defensor del Pueblo, ha tenido que tomar cartas en el asunto. Según Lukín, la alarmante escalada de los casos de violencia xenófoba en Rusia se debe a la «indiferencia» de la sociedad y las autoridades y a la «permisividad» de la Policía.
Vladímir Lukín está convencido de que existe «una tendencia racista y personas que la inspiran». «Es evidente que en el seno de las fuerzas de orden público hay estructuras que se inhiben a la hora de tomar medidas e incluso que alientan lo que está ocurriendo», aseguró en declaraciones a una agencia rusa. El llamamiento del Defensor del Pueblo ruso a aplicar mano dura contra quienes atizan el odio interétnico se produce después de un fin de semana que ha dejado varias víctimas de la intolerancia xenófoba.
El sábado, el ministro de Cultura de la república norcaucásica de Kabardino-Balkaria, Zaur Tútov, fue brutalmente apaleado en Moscú por una banda de 'cabezas rapadas'. Tútov acompañaba a su hija a un concierto, en el que ambos actuaban como intérpretes, cuando, en un semáforo, fueron bruscamente sacados del vehículo en el que viajaban. El responsable kabardino logró poner a salvo a su hija, pero él fue golpeado con tal saña que ha tenido que ser sometido a una operación quirúrgica para recomponerle la mandíbula.
Los atacantes, casi todos menores de veinte años, gritaron consignas como 'Rusia para los rusos' o 'limpiemos la ciudad de basura'. La Fiscalía de Moscú sostiene que Tútov fue atacado por «gamberros», no por racistas.
El domingo, el que fue blanco de las iras de otro grupo neonazi fue el productor del canal de televisión ruso NTV, Elham Mirzóyev, también de origen caucásico. Esta vez, el escenario del ataque fue una estación de metro. Las frases coreadas fueron parecidas a las del día anterior: 'Lárgate de Moscú, vete a tu tierra', sin que interviniera la Policía.