La heroica eliminación de todo un Inter de Milán a manos del modestísimo Villareal en la Liga de Campeones se vivió con especial intensidad en Pola de Siero, localidad natal de Javi Venta, lateral derecho del 'Submarino Amarillo'. El bar Yeyos fue anteayer el punto de encuentro de los amantes del balompié y de los amigos del jugador, alguno de ellos compañero de fatigas deportivas en épocas pretéritas. Javi Venta - 'Javirulo', para los amigos, y el guaje de los del Ferradal, para el resto del vecindario- contribuyó con su sobriedad defensiva a la victoria local.
Uno de los que mejor le conoce es Rufino Nachón, 'Rufi', jugador de U. P. de Langreo, quien compartió equipo con Javi Venta durante trece temporadas consecutivas en el Polideportivo Siero, en todas las categorías del Romanón y en el Universidad de Oviedo. «Destacaría su gran regularidad, no sobresalía en los partidos, pero siempre cumplía», comenta.
Gregorio Fonseca, 'Goretti', también coincidió con Venta en el equipo de fútbol sala y en el Romanón, donde compartían puesto en la defensa. «Era muy inteligente, el balón caía siempre donde estaba él, y tuvo siempre muy claro que quería ser futbolista».
Y sus sueños se hicieron realidad. Tras sus inicios en el Romanón, Universidad de Oviedo y Oviedo B, jugó también en la Gimnástica de Torrelavega, Racing de Ferrol, Tenerife (donde le marcó un gol al Real Madrid en el Bernabeu) y Villareal.
Si existe un comentario unánime acerca del bravo lateral es que «jugaba riéndose». La sonrisa típica del defensa que se anticipa a todas los balones y que adivina por dónde van a tratar de regatearle en cada momento. «Era muy simpático», recuerda 'Rufi'.
Además de la gran afición, Javi Venta se ha destacado siempre por cuidarse mucho físicamente. Atrás quedaron aquellos tiempos escolares en que se zampaba cuatro pinchos en el recreo, como recuerda Fran, un antiguo compañero de clase. El futbolista del mechón blanco es hoy en día un poco talibán con la dieta, de los que rebajan con servilletas la grasa de la comida. Es normal.
Los parroquianos del Yeyos, el bar de moda en la Pola, disfrutaron con la verticalidad de un equipo que practica el mejor fútbol de Primera División, por detrás únicamente del todopoderoso Barcelona. Un conjunto que siente un gran respeto por la pelota y que jamás rifa un balón o lo manda al 'estrelladeru'.
Los 'Javirulo Boys' degustaron un sabroso pincheo por gentileza del maestro de ceremonias José Manuel: embutido, criollos, pasteles y criollos otra vez. Pura cocina de fusión. Pero los chorizos estuvieron a punto de atragantarse cuando Sorín recibió el infame codazo de Materazzi, un defensa heredero de los Tassotti, Gentile, Salvatore Bagni y demás panda de marrulleros.
Un 'dejà vu' -todos rememoraron la imagen de un ensangrentado Luis Enrique implorando al árbitro en el Mundial de 1994- que, por suerte, no acabó en lo de siempre: enésimo gol injusto en el último suspiro del enésimo equipo italiano.
Y si el pitido final desató la alegría en el Yeyos, se puede uno imaginar cómo se lo pasaron los cuatro embajadores polesos que vivieron en directo en El Madrigal la fiesta amarilla: Manolo (hermano de Javi), Tista, Roberto y Fabián. De hecho, ya están mirando billetes de avión para la próxima cita en Londres o en Turín.