El alcalde de Morcín defiende del lobo a los ganaderos de su concejo de forma un poco rara. Dice que da igual si los daños al ganado proceden del lobo o de perros asilvestrados, cosa válida para los afectados, pues lo que ellos quieren es cobrar, o sea, defender sus intereses particulares dándoseles un comino los generales, pero premisa errónea para un regidor público, ya que, en la práctica, la diferencia entre unos daños y los otros estriba en que si el matador es el lobo responde la consejería, pero si son los perros, quien debe resolver es el ayuntamiento.