El cierre de la investigación judicial sobre el 11-M provocó un suspiro de alivio en la Audiencia Nacional, porque el número de procesados, muy reducido respecto al de imputados, despeja el horizonte del proceso. Manejar un sumario con sólo 29 encausados es cosa de rutina en ese tribunal, cuyos responsables temían que un juicio contra los 115 imputados se retrasara más allá del 13 de marzo de 2008, fecha a partir de la cual algunos de los sospechosos que no hayan sido condenados deberán ser excarcelados.
El riesgo, pese a todo, no ha desaparecido por completo. El juez instructor, Juan del Olmo, debe todavía cerrar la etapa de recursos contra su auto de procesamiento, concluir toda la labor probatoria, abrir la fase de juicio oral y elevar el sumario a la Sala de lo Penal, encargada de preparar la vista. Todo ello mediante la gestión de un sumario que, a fecha de hoy, ocupa más de 80.000 folios en 200 tomos.
Ha sido una investigación peculiar. Por primera vez en el cuarto de siglo de vida de la Audiencia Nacional, un magistrado se ha visto liberado desde el primer día para instruir el sumario abierto tras la mayor masacre terrorista cometida en suelo europeo en su historia moderna. Durante un año, y ante los signos de alarma de los máximos responsables del tribunal, anunció una y otra vez un cierre de la investigación que nunca llegaba.
La reducción del número de procesados puede haber dado al tribunal encargado de celebrar el juicio dos o tres meses más de margen para realizar todos los trámites previos necesarios. Además, ha simplificado el desarrollo de la vista oral.