Se la habían imaginado miles de veces y fue por casualidad, sin buscarla, cuando aquella ola soñada se dibujó ante sus ojos. Ocurrió en Tapia de Casariego hace ahora 38 años. Hicieron Robert y Peter Gulley un alto en su camino por Europa. Estos hermanos australianos, que se desenvolvían como nadie en agua salada, se lanzaron con sus tablas al bravo Cantábrico y jugaron con la mar, ante la mirada atónica de lugareños. Fueron, eran, pioneros de un deporte en Asturias cuyo nombre, incluso, resultaba difícil de pronunciar. Los Gulley dejaron enseñanza y legado. Y un adiós prematuro -el de Peter- también puso nombre a la prueba que, desde años, toma agua, arena y puebla en Semana Santa la hasta entonces tranquila villa tapiega.