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Viernes, 14 de abril de 2006
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CONTRAPORTADA
MANUEL ALCANTARA
Santo dinero
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NO sé si será oportuno aprovecharse de que Cristo está muerto y no resucita hasta el domingo, para plantearle al Gobierno que eleve su financiación a la Iglesia al 0,8% del IRPF. Pasan por las calles lorquianas vírgenes con miriñaque, con siete puñales y muchas más lágrimas, y crucificados de exangüe madera. ¿Cómo hablar de dinero el Viernes Santo? Eso lo hizo Judas y le fue mal. Por cierto, la tesis de que el apóstol contable cumplió un destino y no fue ningún traidor al Maestro sólo puede parecerle una novedad a los que han leído muy poco y con muy poca luz. Anda en viejos libros, más o menos doctos. Repito, ¿cómo hablar de dinero cuando Jesús de Nazaret anda hecho un Cristo por las calles? A Él le gustaba poco esa conversación.

El caso es que la aportación de los contribuyentes católicos no cubre en España las necesidades eclesiales. A pesar de que hay tantos ricos piadosos, no se estiran. Cuando yo era niño, allá en el Antiguo Testamento, los reverendos ágrafos que me educaron con el pésimo resultado que a la vista está, me hicieron aprender los mandamientos de la Santa Madre Iglesia. Hablaban de que había que apoquinarle «diezmos y primicias». No sabía qué eran primicias, pero los diezmos me parecieron exagerados, incluso si los comparaba con el porcentaje de los 'managers' de los boxeadores. Han cambiado los tiempos, que nunca se están quietos y ahora somos un país laico, aunque no se pueda ignorar la contribución de la Iglesia a eso que seguimos llamando beneficencia y en su forma más sublime, que es la caridad. Tendrían que ponerse de acuerdo los representantes de Cristo y los suplentes del césar, pero no en este momento, ¿por Dios! Doctores tiene la Iglesia. Y contables. Sería mejor dejar que pasara la Semana Santa para ocuparse de estas cuestiones menos santas.



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