Las madres y los padres asturianos tienen un motivo menos de preocupación. El virus del sarampión autóctono, el que solía circular a sus anchas hasta finales de la década pasada entre niños y niñas del Principado, ha sido eliminado. Así lo confirmó la Consejería de Salud que, tras siete años sin registrar la aparición de nuevos casos, considera eliminada la enfermedad.
El sarampión, que hasta hace poco era una de las típicas patologías víricas de la infancia, va camino de convertirse en algo raro. De hecho, el responsable de Vigilancia Epidemiológica, Ismael Huerta, asegura que «la enfermedad es ya algo excepcional. Hoy en día, son muchos los pediatras que no han visto un sarampión en su vida», argumenta. Y no le falta razón. Desde el año 2000, en Asturias no se han declarado nuevos casos. La excepción está en un niña rumana que enfermó el pasado marzo, pero cuyo sarampión se estima importado y no afecta, por tanto, a la erradicación del virus autóctono.
Así, tras siete años libres de sarampión, Asturias pasa a formar parte de un reducido grupo de comunidades españolas en las que la enfermedad se estima desaparecida. En autonomías como Cataluña, Madrid, Valencia, La Rioja, Canarias y Andalucía, donde se declararon brotes ligados a población inmigrante, el reto de eliminación está lejos de cumplirse.
Un plan que data de 2000
La batalla contra esta enfermedad, que se caracteriza por la aparición de manchas rojas en la piel, llegó a inicios de este nuevo siglo, cuando la Organización Mundial de la Salud puso en marcha, en el año 2000, el Plan de Eliminación del Sarampión, que preveía que las regiones europeas llegaran al 31 de diciembre de 2005 con cero casos. Con la entrada a la Unión Europea de los países del Este el objetivo de eliminación del sarampión, al que se sumó el de la rubeola congénita (la transmitida de madre a hijo durante el embarazo), se amplió hasta 2010.
Pero Asturias no tendrá que esperar otros cinco años, ya que a fecha de hoy el sarampión autóctono se considera eliminado. El control se centra ahora en los inmigrantes, que pueden hacer reaparecer el virus. «Tenemos un sistema de alerta desde hace años, ya que en estos casos lo fundamental es actuar con rapidez para que el sarampión no se propague», explica el jefe de Vigilancia Epidemiológica de Salud.
Se mantiene la vacuna
Lo cierto es que la realidad actual del sarampión contrasta con la de hace años, cuando se vivieron epidemias como la de 1972, cuando en Asturias enfermaron 12.000 personas. Las continuas campañas de vacunación lograron poco a poco arrinconar al 'paramyxovirus', su agente patógeno. El plan para la desaparición del sarampión arrancó en Asturias en marzo de 2000. Se vacunaron 57.000 niños, de 3 a 10 años. En abril de 2002, hubo una nueva campaña, esta vez en la población de 15 a 30 años. Se pretendía vacunar al 21% de los jóvenes y adultos (unas 31.000 personas) que carecían de inmunización, bien por no haber sido vacunados o por no pasado la enfermedad.
No obstante, pese a la eliminación del virus autóctono, la vacunación contra el sarampión seguirá en el calendario infantil de vacunas, con dosis a los 15 meses y a los tres años. Se busca así mantener el cerco a una patología que, pese a su baja incidencia, sigue siendo considerada «potencialmente grave». En niños pequeños y con problemas de malnutrición puede provocar lesiones en el pulmón y el cerebro. En jóvenes y adultos, las complicaciones son aún mayores.