A Alberto de Mónaco se le acumula el trabajo. Ayer mismo, el príncipe alcanzó el Polo Norte, al cuarto día de una expedición en trineos tirados por perros desde la base rusa de Barneo. La expedición no era sólo para hacer deporte. Lo que podía parecer turismo de alto 'standing', a los ojos de los suspicaces, resulta que tiene unos propósitos mucho más elevados, que consisten en una campaña ecológica y en rendir homenaje a uno de sus antepasados, su tatarabuelo Alberto I, un pionero en estas lides polares.