Francisco López, de 51 años, conductor del autobús siniestrado el pasado domingo en Lena produciendo la muerte a cuatro scouts gijoneses y heridas a otras 29 personas, permaneció declarando ayer en las dependencias del destacamento de Tráfico de la Guardia Civil de Gijón durante cuatro horas. En todo momento estuvo acompañado por sus dos hijos y prestó declaración sin abogado, ya que lo hizo en calidad de implicado en el accidente y no como imputado. Tanto la entrada como la salida de las dependencias de la Benemérita en Gijón las hizo a bordo de un turismo con los cristales tintados, con el fin de evitar ser captado por los numerosos medios de comunicación apostados ante las instalaciones.
Las diligencias las llevan a cabo efectivos de la Guardia Civil de Tráfico de Oviedo, varios de cuyos miembros de desplazaron ayer a Gijón para que Francisco López prestara declaración, en atención a su delicado estado de salud. No obstante, el conductor del autobús ya había hecho una declaración verbal previa en el Hospital Álvarez-Buylla, de Mieres, donde estuvo ingresado hasta ayer, atendido de policontusiones y una herida en el cuello cabelludo. Además, lo que más preocupa del estado del conductor del autobús siniestrado es su estado mental, ya que «la recuperación psicológica será ahora su gran batalla», según indicaron fuentes allegadas al herido. En sus primeras palabras tras el accidente, el conductor aseguró no recordar prácticamente nada de lo sucedido. Algunos de los participantes en la malograda excursión pudieron hablar con él instantes después del vuelco del vehículo y no sabía dar ninguna explicación sobre lo que había pasado, aunque repetía que «iría a no más de 85 ó 90 kilómetros por hora». Por eso, los investigadores barajan las hipótesis de un despiste del conductor o un fallo mecánico como causas del accidente, ya que el conductor dio negativo en la prueba de alcohol y se comprobó que el vehículo circulaba a una velocidad adecuada, es decir, en torno a cien kilómetros por hora.
Inspección del autobús
La declaración de Francisco López tuvo lugar la tarde de ayer después de que durante toda la mañana tanto el propio conductor del vehículo como responsable de la empresa de transportes y de la Guardia Civil de Tráfico inspeccionaran el estado del autobús en las instalaciones de Grúas El Roxu, en el concejo de Siero. En esta inspección se trataba de saber si el vehículo había sufrido algún problema mecánico que hubiera provocado el desgraciado accidente. No hay que olvidar que el propio conductor había indicado que a punto había estado de no poder acudir a recoger al grupo scout a la localidad leonesa de La Vecilla, ya que había tenido un problema con el cable del acelerador que, finalmente, pudo arreglar él mismo. Además, también se había apuntado a un posible desgaste de los neumáticos del vehículo.
De la repercusión que este accidente ha tenido en el país es buena muestra el hecho de que el general de la agrupación de Tráfico de la Guardia Civil ha puesto a disposición de los efectivos de Asturias su equipo de reconstrucción de accidentes, el mismo que se utilizó en el atropello mortal protagonizado por el bailarín Farruquito.
Las circunstancias que han rodeado a este siniestro han afectado sobremanera a los responsables de la empresa de transportes a la que pertenecía el autobús siniestrado, J. Sánchez, de Gijón. En la jornada de ayer, las oficinas que esta firma tiene en barrio de El Coto permanecieron cerradas y, según pudo comprobar este periódico, el propio dueño de la empresa, Joaquín Sánchez, quedó muy afectado. En las cocheras del polígono de Somonte donde se guardan los autobuses de la empresa ayer apenas había movimiento, si bien sus vehículos trabajaron con normalidad en los trayectos habituales, como en diversos centros docentes de la ciudad, ya que J. Sánchez suele realizar servicios para ALSA. El autobús siniestrado, un Iveco matrícula 2559-BPC, tenía cinco años.