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Jueves, 20 de abril de 2006
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ASTURIAS
Asturias
«Es bueno que las víctimas hablen del accidente y expongan sus miedos»
Faustina Ibáñez es una de las psicólogas que atendió la noche del siniestro a familiares y amigos de los niños y jóvenes que resultaron muertos y heridos «Los psicólogos somos una especie de parachoques ante las tragedias, como quedó demostrado con los atentados del 11-M», recuerda esta especialista
AFECTADA. La madre de Kevin se despide del pequeño en la iglesia de Pumarín, donde el martes tuvo lugar su funeral. / JOAQUÍN BILBAO
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¿Dónde encajar tanto dolor? ¿Cómo digerir y procesar la muerte de un hijo, una hija o un amigo? No existen fórmulas, ni mágicas ni terrenales. De esto sabe mucho Faustina Ibáñez, psicóloga clínica que en la noche del pasado domingo acompañó a familiares y amigos de los niños y los monitores que habían perdido la vida o habían resultado heridos en el accidente de autobús en Lena. «Hay que acompañarles, contenerles, estar con ellos, ayudarles a que procesen el duelo», asegura como punto de partida esta especialista.

Faustina Ibáñez regresaba de disfrutar de unos días de vacaciones fuera de Asturias. «Estaba aparcando mi coche en Gijón, sobre las nueve de la noche», cuando la llamaron del Servicio de Salud para proponerle formar parte del equipo de ayuda psicológica que se acababa de montar en ese mismo momento para las víctimas del accidente. A la tarea se unió también Marco Luengo, de la Unidad de Psiquiatría de Enlace del Hospital Central de Asturias. Con escasa información sobre lo que había sucedido en ese punto kilométrico de la A-66, «a esa hora se sabía poco», se dirigieron al barrio de Pumarín, en Gijón, donde ya se concentraba un nutrido grupo de familiares de los scouts accidentados. «La gente estaba muy angustiada, era una situación emocional que les desbordaba», recuerda ahora esta psicóloga que trabaja en el Centro de Rehabilitación San Lázaro, de Oviedo.

Una pérdida muy dura

Faustina Ibáñez intenta que su relato sobre cómo funcionó el operativo de ayuda psicológica montado en la noche del domingo no desvele situaciones personales. No siempre lo consigue. «Fue un suceso muy fuerte. La muerte de un hijo es una de las pérdidas más duras que te puede deparar la vida. Es algo contranatura», se excusa.

«En situaciones como la ocurrida el pasado domingo en Asturias, o como pasó con los atentados del 11-M, los psicólogos tenemos que ser una especie de parachoques de la tragedia», asegura. Pero, ¿qué efecto tiene sobre las víctimas el recibir consejo psicológico? «Importantísimo», se apresura a contestar. Por una parte, «les ayudas a contener el golpe» y, por otro, «una intervención psicológica rápida puede contribuir a evitar un estrés postraumático».

«No sentirse abandonado ante una situación de caos, como la que te deja una muerte traumática, es muy importante». De ahí, que Ibáñez considere cada vez más necesario que profesionales de salud mental acompañen a médicos, bomberos y policías en las emergencias. «La gente y la sociedad lo demanda cada vez más».

El día después

Pero, una vez sucedida la tragedia, ¿cómo afrontar el día siguiente? Aquí empieza lo que los especialistas llaman elaborar el duelo. «Es bueno que las víctimas hablen del accidente y expongan sus miedos», insiste este psicóloga. Intentar pasar página puede resultar patológico, sobre todo, cuando se trata de niños. «Deben verbalizar lo que vieron, por muy duro que sea», afirma con seguridad. No importa que sean muy pequeños, «hay muchas maneras de expresar las cosas». Eso sí, «hay que darles tiempo y estar atentos a sus señales, ya que lo que un niño no llega a decir, lo piensa». De hecho, Faustina Ibáñez apuesta por habilitar algún tipo de actividad que permita a todos los que viajaron en aquel fatídico viaje desde León «hablar del accidente, poner sus sentimientos en común».

Para estos días que se avecinan, muchos de los cuales «serán duros», es fundamental el apoyo de familiares y amigos. «El entorno puede ayudar mucho, ya que las víctimas quedan en una situación de gran debilidad. El barrio de Pumarín y el grupo de scouts se volcaron con las víctimas. Eso es muy bueno, porque hace que no se sientan tan aturdidas».



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