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Jueves, 20 de abril de 2006
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ASTURIAS
Asturias
Pupitres vacíos
Profesores y alumnos del colegio San Miguel, en el que estudiaba Kevin Sáez, reciben apoyo de expertos para afrontar el retorno a las aulas El IES Doña Jimena recuerda a Alejandro González, que «se sentía tan orgulloso de ser scout que muchas veces acudía a clase con la pañoleta bicolor»
CONSTERNADOS. Un grupo de padres y alumnos, a la entrada del colegio en el que estudiaba Kevin Sáez. / S. NAREDO
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Vacía y triste. La vuelta de las vacaciones de Semana Santa ha sido este año distinta a todas las demás en el colegio San Miguel, de Pumarín, y el instituto Doña Jimena, donde estudiaban los dos jóvenes scouts fallecidos el pasado domingo en el accidente de autobús de Lena. Más que la alegría habitual del reencuentro con los compañeros, pesaba el recuerdo por los dos alumnos ausentes, Kevin Sáez y Alejandro González, y la incertidumbre sobre la situación del resto de hospitalizados.

En el Colegio Público San Miguel, los profesores se reunieron media antes del comienzo de las clases con varios voluntarios de la ONG Psicólogos Sin Fronteras, que intentaron ofrecerles unas pautas con las que enfrentarse al regreso de la actividad habitual. Ante todo, aconsejaron mantener la normalidad en el centro, en las clases. «Los últimos días han sido de mucha agitación y es importante que los niños retomen la rutina escolar», explicaron.

Durante las clases de ayer, psicólogos y profesores incorporaron varias actividades para distraer la atención de los alumnos. Trabajos principalmente de grupo, en los que en todo momento pudieran notar que están arropados, todos unidos. Por lo demás, se decidió mantener el calendario de actividades y solo la ausencia del pupitre de Kevin, que fue retirado del aula, hacía notar que aquél no era, en definitiva, otro día normal.

Según explicaba una profesora del centro, los niños estaban «muy tristes», pero su inocencia les ayudaba a superar el drama. «Saben perfectamente lo que ha pasado», comentó, «pero se lo toman mucho mejor que los adultos». «No tenemos por qué trasladarles nuestra forma de ver el problema, sino dejarles que olviden, que rían y que jueguen como niños», concluyó.

Crespón negro

En el IES Doña Jimena, donde Alejandro estudiaba segundo de la ESO, las banderas lucían aún ayer un crespón negro. Aunque los últimos días se habían suspendido las clases en señal de duelo, casi todos los alumnos y profesores habían coincidido ya en los funerales. «En la iglesia los más pequeños se acercaron a mí destrozados», comenta una profesora, «entonces yo les dije que Alejandro era muy alegre, y que en estos momentos teníamos que ser como él».

Su profesora de Religión le recordaba ayer como «un chico zalamero, muy cariñoso». «Muchas veces yo le hablaba de las excursiones que hacía con la parroquia y él me decía 'profe, yo también hago excursiones», explicó. «Orgulloso de pertenecer a los scout», sus profesores comentan que en «muchas ocasiones el joven acudía al centro con su pañoleta bicolor».

Alejandro formaba parte de un programa complementario específico en el que sólo había siete alumnos y en el que recibían una atención más individualizada para las asignaturas de lengua, matemáticas, naturales, sociales e inglés. «De las treinta horas que estudiaba en el centro, dieciocho horas las pasaba junto a los otros seis chicos», explicaba el jefe de estudios, «para estos chavales el golpe ha sido mucho más duro».

Responsables y profesores del centro han acordado hablar lo menos posible del tema con los alumnos, al menos mientras la tragedia esté reciente. «Están muy sensibles y rompen llorar», aseguraban. Para dentro de un mes estudian celebrar una misa por el joven, aunque de momento su atención se centra en la recuperación moral de sus compañeros.

Según explicó el jefe de estudios, «vamos a esperar para ver cuál es su respuesta, y si vemos que hay algún problema, intentaremos ubicarlos en otros grupos más grandes. Yo tengo fe en que se recuperen pronto».



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