Tras una muerte repentina e inesperada, sobre todo las que se producen de forma brutal y traumática como suele ocurrir con los accidentes de tráfico, «las personas que quedan vivas tienen a culparse». Un sentimiento de responsabilidad sobre lo ocurrido comienza a rondar desde el minuto cero la mente de familiares y amigos del fallecido. Así lo explica la psicóloga Faustina Ibáñez, que advierte que hay que intentar huir de este tipo de pensamientos negativos, muy habituales en este tipo de situaciones.
«Nadie se debe sentir culpable por la muerte de otra persona. Es algo que no se puede manejar», apunta.
¿Por qué le he dejado ir? o ¿por qué no fui a buscarlo al campamento a León? son algunas de las preguntas que estos días martirizan a madres, padres, abuelos y amigos de los cuatro fallecidos y de la treintena de heridos del accidente de tráfico de Lena.
«Ante este tipo de situaciones», responde Ibáñez, «es bueno hacer ver a los familiares y al entorno de las víctimas que actuaron con responsabilidad y que tomaron la mejor decisión posible. Fue una fatalidad» y así hay que lograr «que lo interioricen».