La pasada Semana Santa tuve la oportunidad de hacer de cicerone para unas amistades catalanas que se acercaron a nuestra comunidad con grandes deseos de conocer esta tierra. De todos los lugares recorridos, fue la visita al Museo de la Minería una de las que más les impactó, proporcionando una de las experiencias que sintieron como verdaderamente gratificantes por su singularidad. Cuestión, por otra parte, nada nueva si tenemos en cuenta el gran éxito de público que viene acumulando el MUMI, y en particular su 'mina imagen', desde su apertura a mediados de los años noventa.
Con todo, el Museo de la Minería sigue siendo una isla en el contexto de un amplio patrimonio industrial pendiente de poner en valor. Quizá ello se deba a que no se acaban de ver las zonas de antigua industrialización como lugares con potencialidades turísticas. Quizá se sigan viendo los términos turismo e industrial como antinómicos, lo que a todas luces parece un error del que ya deberíamos estar curados atendiendo al desarrollo que en ese sentido se produce por otras latitudes.
Sin embargo, no sólo es conocido que la práctica del turismo viene aumentando constantemente, sino que el incremento del nivel cultural de la población -no sólo económico- se traduce en un incremento de la demanda de espacios y elementos con un patrimonio cultural singular. Así, se constata un creciente interés de los públicos más variados por el patrimonio industrial, bajo la forma de visitas a lugares, edificios y otros vestigios de la memoria del trabajo en la industria.
Es verdad que el turismo ni es la panacea para sacar a estas comarcas del declive económico, ni para resolver todos los problemas que conlleva la conservación y mantenimiento del patrimonio industrial. Pero la potenciación de los circuitos turísticos para visitar este patrimonio es uno de los enfoques a cuidar dentro de una estrategia de desarrollo integrado. Puesto que no sólo es la base para crear nuevas iniciativas en el ámbito de los servicios y fortalecer la oferta existente, sino que abre nuevas posibilidades de 'situarse en el mapa' a comarcas que retoman sus señas de identidad con nuevas perspectivas.
De cualquier forma, el desarrollo de una oferta turística de esta índole requiere tanto de la intervención pública como de imprescindibles inversiones privadas.