elcomerciodigital.com
Jueves, 20 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
OPINIÓN ARTICULOS
Ryota
GIJÓN tiene 'algo' que lo hace único, un 'algo' intangible, contradictorio, espontáneo, un 'algo' acogedor, un 'algo' inesperadamente atractivo que va más allá de cualquier racionalidad, un 'algo' que apenas tiene que ver con lo construido, más bien con el aire que aquí se respira. Un 'algo' que nos muestran los 'otros', los que nos visitan y no son de aquí, los que ven nuestra ciudad con una mirada libre de prejuicios o chovinismos localistas. En una ocasión solté una frase que cada día asumo con mayor convicción: «Gijón es hermosa como una madre fea». Porque ese 'algo' intangible es un calor materno, un espíritu, el alma, unos brazos siempre abiertos y una sonrisa. Hace algunos años, cuando se convocó el concurso de ideas para el maquillaje de la fachada del Muro, el arquitecto japonés Takayuki Miyoshi trabajaba en nuestro estudio. Fue él quien nos convenció para redactar una propuesta: frente a mi «esto no tiene remedio» él respondía con un «hermoso o feo, representa un momento del pasado inmediato de una ciudad» en la que él y su esposa Yoko fueron inmensamente felices.

Hoy, en una especie de galería de personajes que quisiera ir introduciendo en sociedad, surge con fuerza la figura de otro japonés insólito, Ryota Mori, entrenador de fútbol, cuya presencia engrandece nuestra pequeña gran ciudad. Ryota no tiene más que 25 años y hace apenas dos que está con nosotros. Llegó por casualidad, como de rebote: quería formarse como entrenador y parece que la fama de nuestro sufrido Mareo traspasa más fronteras de las que gijonudamente pensamos.

Cursos como entrenador, aprendizaje de español, trabajo con equipos infantiles, en los campos de la Federación, con el Sporting, en colegios Ryota se fue introduciendo en la vida local, haciendo amigos, muchos amigos, que disfrutan de su compañía y su nobleza, su sentido del humor y su ironía, su talante, incluso su proximidad. A nuestra autoafirmación como 'gijonudos', Ryota se define como un 'japonudo' en Gijón y se convierte así en un convencido y callado embajador nuestro en el mundo.

Es curiosa la tremenda, creciente afición al fútbol en Japón y cuántos japoneses vienen a nuestro país para formarse o informarse, para ver algún partido o animar a algún equipo. La mayoría de estos visitantes contacta con Ryota, personaje para ellos insólito y exótico. Y Ryota siempre les anima a visitarnos, incluso les organiza sus estancias aquí, visitas a nuestra región, partidos en El Molinón, sidras y oricios con otros amigos: porque España es mucho más que la Costa del Sol y Barcelona, que la paella o la Sagrada Familia, porque existe un lugar fuera de las rutas que tiene una luz especial, una luz húmeda de plata, que huele a mar.

Quiero pensar que Gijón aporta 'algo' a nuestro Ryota porque de lo contrario él no estaría aquí. Pero es mucho más lo que Ryota aporta a Gijón, a todos los amigos que está haciendo, a todos los que sonríen cuando oyen pronunciar su nombre. Frente a un fútbol mercantilizado, de estrellas e individualismos, Ryota sugiere un deporte en equipo y disciplina matizada, bajo un sentido japonés del consenso, de trabajo en grupo para lograr no sólo unos resultados, sino unos objetivos, un fútbol-juego que a los legos nos explica como si se tratara de la composición de una pintura sobre un lienzo. El mismo Ryota encarna todas estas cualidades y las enriquece con un singular sentido del humor (sorprendente en un japonés) y una adaptación prodigiosa a nuestro modo de vida, al modo de vida de un chaval de su edad abierto a otros grupos (le doblo en edad y me enorgullezco de su amistad). Y, aún más allá, él aporta lo que es, lo que sabe, incluso da clases de japonés a un grupo de gijoneses que excede cualquier previsión. Siempre le veréis rodeado de gente, con su cartera. Si va con otros japoneses, estad seguros de que recordarán felices su estancia entre nosotros, porque nuestro 'japonudo' Ryota les habrá transmitido como nadie ese 'algo' que respira nuestra ciudad.



Vocento