PARECE ser que se equivoca el juez Del Olmo y su amazónico sumario. Se equivocó, entonces, la policía en aquella imprevisible y absurda celeridad tan impropia de funcionarios. Nos equivocamos cuantos, a la vista de los datos, sumamos dos más dos cuatro antes, incluso, de furgonetas y detenciones de moros. Reconozcámoslo, no lo sabemos todo acerca del 11-M.
Solo sabemos, eso sí, quiénes apoyaron una guerra de nueva planta allí donde no había siquiera conflicto previo; quiénes mintieron para justificarla, aunque engañando sólo a quienes quisieron ser engañados; quiénes se alinearon, como un solo hombre, con el terrorismo de Estado, bombardeos masivos, miles de muertos; quiénes estimularon el rearme del otro terrorismo, el pobre, brindándole la coartada moral que ni necesitaba ni merecía; quiénes, ante la consecuencia previsible y anunciada de sus ardores guerreros, fueron incapaces -demudada la color- de presentarse asumiendo su responsabilidad de gobernantes ante los ciudadanos; quiénes aún tuvieron el descaro obsceno de reclamar una jornada de reflexión callada tras dos jornadas de intoxicación estridente; quiénes, en fin, no es que no puedan digerir su derrota electoral -eso lo conseguirá hasta Berlusconi- es que no pueden asumir sus propios actos previos a aquella porque, pobres aprendices de brujos y, en el fondo, buena gente, ni tienen el cuajo homicida del texano ni el distanciado cinismo del inglés.
No lo sabemos todo del 11-M -cualquier día 'El Mundo' descubrirá que un vasco y un tunecino formaron ala en un partido de fútbol reclusos-funcionarios-, pero sabemos probablemente algo más que de muchas teorías tenidas por razonablemente ciertas, el 'big bang' o la esfericidad de la Tierra, por ejemplo. Que para algunos, por cierto, sigue siendo plana.