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Jueves, 20 de abril de 2006
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POLÍTICA
AL GRANO
Rajoy imita a ovidio
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LA dirección nacional del PP ha decidido no pactar reformas estatutarias en las comunidades autónomas por temor a que el PSOE y sus aliados se las modifiquen en el Congreso de los Diputados. Los estatutos de autonomía tienen el rango normativo de leyes orgánicas, así que la tramitación en Madrid es un elemento esencial del proceso, con lo que el poder de decisión en el Parlamento central recae en la mayoría de escaños formada por socialistas y nacionalistas, como ocurre con cualquier ley. La hipótesis de un posible maquillaje 'madrileño' a los proyectos estatutarios le ha servido a Mariano Rajoy de disculpa para imponer una estrategia consistente en no impulsar reformas estatutarias en las regiones que gobiernan y oponerse a ellas en el resto de las comunidades. ¿A qué se debe esta iniciativa?

Mariano Rajoy necesitaba urgentemente poner orden en el gallinero autonómico, porque de poco le sirve al PP oponerse al 'Estatut' y lanzar soflamas sobre la irrenunciable soberanía del pueblo español, si luego cada organización regional del PP se engancha al discurso del autogobierno y redacta un texto autonómico, para su tierra, tan ambicioso como el catalán, o casi. Lo ocurrido en la Comunidad Autónoma Valenciana ya fue un aviso, así que a partir de ahora lo mejor es cerrar la puerta y así se evita el riesgo de incurrir en contradicciones. Más allá de los avatares locos de esta legislatura, lo cierto es que la política de transferir todo el poder a las comunidades autónomas es muy agradable para los oídos del público. A esos cantos de sirena pueden sucumbir los dirigentes regionales del PP. Una de las variantes del populismo consiste en apoyar la política simplista de 'todo para mi casa'.

Rajoy abandona la política flexible ante las reformas e impone un criterio rígido para todas las regiones. ¿Cuál es su modelo? No cabe duda: el de Ovidio Sánchez. El presidente del PP asturiano fue el primer dirigente autonómico de su partido en avizorar que las reformas de los estatutos eran una vía peligrosa para la estrategia opositora de su partido. Tuvo la habilidad de no enfrentarse a tal o cual aspecto de la reforma, sino en posponer el debate acogiéndose a un argumento incontestable: no es un asunto prioritario.



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