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Viernes, 21 de abril de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
Contra las 'minitallas'
LA ministra de Sanidad y Consumo que, a raíz de unas denuncias de familiares de personas enfermas de anorexia, hace un mes pidió a los organizadores de las pasarelas de moda que no exhibieran modelos de la talla 34, parece haberse tomado en serio esa vieja cuestión sobre determinados cánones de belleza. Por vez primera, representantes de cuatro grandes firmas de confección y de la Asociación de Creadores de Moda se han reunido con un miembro del Ejecutivo para buscar una solución equilibrada a un debate relacionado con la salud y con los hábitos alimenticios de los más jóvenes.

Sólo cabe celebrar la iniciativa, pues resulta prematuro confiar en los resultados de la misma.

El Ministerio de Sanidad se ha comprometido a realizar un estudio antropomórfico para actualizar los parámetros físicos de la población por tramos de edad. Pese a que el sector de la moda continúa fomentando una estética para la mujer, su principal clientela, basada en la extrema delgadez, no es muy probable que los resultados de aquel estudio se correspondan con los patrones anatómicos que utilizan diseñadores en la promoción de sus creaciones. El problema surge porque no se trata de meros recursos de 'marketing', sino que uno de los motores de este mercado es la exigencia de peso y medidas de cadera o busto muy alejados del tallaje más común de las mujeres, entre la 40 y 42. El resultado es la sutil imposición de la dictadura de las minitallas ante la que resultan más vulnerables las personas jóvenes. O, como ocurre últimamente, la anarquía del tallaje, según fabricante, confundiendo deliberadamente sobre patrones de medidas hasta ahora vigentes.

Todo ello tiene relación con graves trastornos físicos y mentales, desencadenantes de serias repercusiones en el entorno familiar de las víctimas. Para colmo, la perversión de esa moda de la rabiosa delgadez se promueve mientras se detecta un desvío en los hábitos alimenticios de la infancia y la adolescencia, con una ingesta excesiva de grasas e incremento de tasas de obesidad infantil. Se trata de dos fenómenos extremos y contradictorios, ambos enemigos de la salud y por ello necesitados de una corrección impuesta o autorregulada, pero que sea real y efectiva.



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