Las carreteras asturianas registraron desde 2002 diez accidentes mortales en los que estuvieron implicados autobuses. En esos siniestros fallecieron catorce personas, aunque en la mitad de los casos los fallecidos viajaban en turismos que se vieron envueltos en los sucesos. Las frías estadísticas han sido radicalmente modificadas en el transcurso de lo que va de año: de 2002 a 2005 fueron ocho los siniestros en los que estuvieron implicados autobuses, y provocaron ocho fallecimientos. De ellos, sólo uno era pasajero del transporte público, y el resto viajaba en los turismos. Pero en lo que va de 2006, apenas cuatro meses, ha habido dos accidentes mortales, el del 28 de enero en la A-66 y el del pasado domingo en la misma autopista: en total, seis víctimas mortales, todos pasajeros del transporte público.
Estos últimos datos se presentan como algo inédito tanto en Asturias como en relación con las estadísticas de ámbito nacional. En este tipo de accidentes no sólo se llevan los turismos la peor parte en cuanto a fallecidos, sino también en lo que se refiere a heridos graves. Así, y como ejemplo, en el año 2004 se registraron en todo el país 39 accidentes que le costaron la vida a 47 personas: de ellas, sólo tres eran pasajeros de autobuses. En 2005 las cifras se dispararon, con 56 accidentes y 74 muertos, de los que 22 viajaban en transporte público.
En 2006 Asturias cobra un oscuro protagonismo: dos de los diez accidentes mortales se registraron en el Principado, y fue en la región donde tuvieron lugar seis de los trece fallecimientos de viajeros del transporte público que se produjeron en toda España.
Dicen los expertos que de esta sucesión de acontecimientos no se pueden extraer consecuencias globales, pues un accidente con multitud de víctimas hace variar las implacables estadísticas y puede estar causado por un hecho fortuito. Lo que sí es susceptible de análisis son los datos recogidos en un horizonte temporal más amplio: según el Real Automóvil Club (RACC), España es el país de Europa con más víctimas mortales en accidentes de autobús en los últimos diez años, con 404 pasajeros muertos entre 1994 y 2004. Pese a ello, la misma organización asegura que el transporte colectivo de viajeros es el medio más seguro para viajar por carretera, ya que las probabilidades de que un autobús sufra un accidente es treinta veces inferior que un coche.
Los conductores de este tipo de vehículos de transporte colectivo certifican esta seguridad, máxime teniendo en cuenta los considerables adelantos tecnológicos experimentados durante los últimos años. José Amador Fernández conduce autobuses desde hace más de treinta años y ha visto cómo en los últimos tiempos las cosas han cambiado. Hace la ruta a Madrid. «El coche que traigo lleva todos los mecanismos imaginables: ABS, control de estabilidad, ASR para que no patinen las ruedas...». De hecho, asegura que «ahora estamos al mismo nivel que en el resto de Europa, mientras que cuando salías hace treinta años ellos estaban muy por delante de nosotros». Considera que aún hay riesgos difíciles de combatir, sobre todo «las placas de hielo, que no ves hasta que estás encima de ellas». Y, en casos extremos, hace hincapié en la dificultad de controlar una mole de 20 toneladas y 15 metros de longitud.
Sin embargo, la existencia de fallos mecánicos es un fenómeno más residual, asegura Benjamín Canto. Lleva más de quince años conduciendo autobuses y asegura que ciertas averías «pueden dejarte tirado, y eso ya es raro, pero es muy difícil que puedan ser causa de accidente».