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Domingo, 23 de abril de 2006
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ASTURIAS
JULIO BOBES, CATEDRÁTICO DE PSIQUIATRÍA
«Gijón debe tener un símbolo que recuerde a las víctimas del accidente»
«Ha sido una tragedia porque eran muchas personas, niños y jóvenes cargados de ilusiones» «Estos días hay un nivel general de angustia porque mucha gente se ha puesto en el lugar de los afectados»
REFLEXIÓN. Julio Bobes habla del trágico accidente de Lena en el despacho del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina, en Oviedo. / ROMÁN
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El accidente de Lena ha marcado un antes y un después en la vida de miles y miles de personas. Asturias, sobre todo Gijón, ha sentido como propias la pérdida de cuatro vidas jóvenes y las secuelas que dejará la tragedia no sólo en los heridos sino en sus familias, amigos y compañeros. Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo y jefe de Servicio de Psiquiatría del área sanitaria de Oviedo, cree necesario que Gijón perpetúe en su memoria la tragedia. «Deberíamos buscar un espacio simbólico que recuerde los valores que representaban esas personas», defiende.

-¿Por qué nos ha impresionado tanto el accidente: porque eran niños, porque algunas de las víctimas dedicaban a los demás su tiempo libre...?

-Todos esos elementos hacen que este accidente sea una tragedia. Primero, porque afecta a muchas personas. Segundo, porque les afecta en un momento en el que estaban cargadas de ilusiones por continuar sus proyectos existenciales, seguir enriqueciéndose con los valores de los otros y con la naturaleza, que forman parte del espíritu de los scouts, y continuar su vida en un entorno envidiable como es Gijón. Todo eso se trunca en un momento y de una forma absurda. Es una tragedia a cambio de nada, una catástrofe no deseada ni esperada y, probablemente, inevitable.

-¿Qué se puede hacer?

-Hay soluciones parciales, pero no una solución. Podemos acompañar a quienes se han quedado: los heridos, los familiares, los profesores, los monitores, para que se sientan apoyados, comprendidos y participados en el dolor, en la pérdida.

-¿No cree que hay aún un duelo social más allá de los personales?

-Se está haciendo un duelo colectivo, que tardará semanas, incluso meses y, luego, habrá un recuerdo, para unos más intenso que para otros, pero que perdurará. Creo que las autoridades han estado atentas y que deberían pensar en buscar un símbolo que perpetuase ese recuerdo. El hecho de que queden cosas que simbolizan la tragedia ayuda a superarla.

-Como esos homenajes espontáneos, con dibujos, poesías.

-Sí, sí. Todo lo que signifique expresión de los sentimientos ayuda, al menos, en una primera fase. Al final se puede incluso salir fortalecido de esta amputación. Hemos perdido a personas cargadas de ilusiones, que a su vez ilusionaban a los suyos, y eso debe recogerse simbólicamente. No sé en qué parte de la ciudad, no sé si en las paredes o en una escultura, pero se debería buscar un espacio simbólico que recuerde los valores que representaban esas personas: reunirse, desarrollar la red social de las personas, facilitar las habilidades sociales y la consideración del entorno.

Reacciones de estrés

-¿Sería una lectura positiva de la tragedia?

-Pues sí. Deberíamos simbolizar que esto no es un accidente de tráfico, que es mucho más y recoger lo valioso de ese grupo de personas, sobre todo porque representa unos valores que socialmente tienen que estar reconocidos y promovidos, porque son permanentes y no se van a extinguir, ya que otros seguirán adelante.

-Muchas personas han llorado, han ido a los funerales aunque no conocieran a las víctimas.

-Muchos compañeros de las víctimas y muchos asturianos se han puesto en el lugar de quienes han sufrido el accidente. Mucha gente se ha hecho la pregunta ¿y si mi hijo hubiera estado ahí? Y eso genera un nivel de descontrol personal llamativo. Estos días en Gijón hay un nivel general de angustia, de ansiedad, no sólo de pena y de dolor, sino de angustia de pensar que le podía haber pasado a otro, o que al tuyo no le pasó porque fuiste a recogerle en el coche. El peso de una situación de este estilo genera reacciones de estrés agudo en muchas personas no implicadas para nada en los hechos.

-Y está el duelo individual, el de los familiares de los muertos.

-Un duelo es un proceso y lleva tiempo; se habla de un año como del plazo razonable para recolocar las cosas, lo que no significa olvidar. Por tanto, muchas personas estarán relativamente discapacitadas para seguir peleando por sus objetivos durante ese primer año, aunque hay gente capaz de retomar su nivel de actividad, sus objetivos antes de ese tiempo.

-Superar el duelo implica aceptar que el hijo, el hermano muertos ya no aparecerán más por la puerta.

-Primero, hay que aceptar la realidad. Segundo, negociar con ella, lo que significa que alguien ya no está, pero podemos reparar algo en la que medida en que quizás se pueda seguir la labor que esa persona hacía. El duelo permite ubicar para siempre en la memoria las cosas, sin que impidan el normal desarrollo de las personas y de sus proyectos vitales.

-¿El proceso es más duro cuando la muerte afecta a niños y jóvenes?

-Porque son personas que están iniciando su proyecto vital. Por eso, sin indicar que se psiquiatrice o se psicologice la situación, habrá familiares, padres y amigos de las víctimas que necesitarán ayuda. Y ahí podemos orientarles hacia los centros de salud mental.

-¿Y qué ocurre con el conductor del autobús?

-Sabemos pocas cosas, pero su salud mental estará impactada por todo esto, y conforme lo vaya viendo con más frialdad necesitará ayuda psicológica y psiquiátrica.



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