Manuel Ponga Santamarta viaja mañana a Madrid. El presidente de la Autoridad Portuaria de Avilés pretende asentar en su encuentro con el ente público Puertos del Estado las bases del gran proyecto que se trae entre manos la entidad avilesina: la ampliación de la margen derecha. Ponga teme pecar de «grandonismo» pero cree que la terminal marítima de la ciudad tiene ante sí un futuro de lo más halagüeño.
-¿Con qué perspectivas afronta el Puerto la próxima década?
-Hablar con una perspectiva de diez años es complicado. El comercio es fluctuante y los puertos son un reflejo de la economía local, nacional y mundial. Las perspectivas del petróleo no son precisamente buenas para el futuro económico. Pero, de todos modos, bajando de los conceptos a la tierra, podemos hablar de un futuro esperanzador. Las empresas más cercanas, de la comarca, nuestros usuarios, mantienen una estabilidad en sus negocios y el puerto está mejorando pensando en ellos. En el futuro creo que iremos a más. Hay que ver también que los resultados del primer trimestre del año han sido excepcionales, los mejores de los últimos 20 años. No quisiera caer en 'grandonismos', pero estamos en una línea que requiere mejorar más las instalaciones.
-¿En qué punto está exactamente el proyecto de ampliación por la margen derecha?
-Esperemos poner la primera piedra antes de que termine el año. Se está trabajando en muchas cosas. La gran noticia hasta ahora son esos 77 millones de euros anunciados por el presidente del Gobierno para el proyecto y que esperamos reafirmar en el plan de empresa que comenzamos ahora a elaborar.
-¿Se puede decir que el gran escollo será el impacto ambiental?
-Si salvamos definitivamente el escollo económico y de financiación, que parece que va por el buen camino, está claro que hay que ser muy cuidadosos con el medio ambiente. Somos muy sensibles con este tema y ello nos va a llevar a hablar mucho del asunto, a negociar y a demostrar que el entorno natural y la zona de aves del puerto no va a sufrir. Contar con un monumento natural en la ría nos lleva a tener más dedicación para lograr, como ocurrió con las obras en la curva de Pachico, que las aves sigan pasando por el monumento natural.
-Cuando diseñan estos planes de futuro del puerto, ¿están mirando de reojo a Gijón?
-En absoluto. Siempre que se habla del asunto de los puertos de Gijón y Avilés yo digo lo mismo: sigo siendo partidario de la fusión, pero de un modo que impida que a cada gobierno que entre se pase de la fusión a la 'disfusión'. Hoy no defendería la fusión con tanto énfasis como lo hice en su día, pero creo que una única Autoridad Portuaria sería lo ideal, aunque no fuera a corto plazo. La 'disfusión' dejó heridas por un decreto más político que técnico. Un gran puerto como El Musel puede parecer una competencia que desbarate nuestros planes, pero si hacemos la ampliación de la margen derecha y no tenemos problemas de competencia desleal, nos podríamos situar en 2010 con un tráfico de 8 millones de toneladas, un volumen que para un puerto como el de Gijón sería un corto negocio.
-¿Son puertos complementarios?
-Sí, ¿por qué no? Aquí nuestros tráficos se centran en las grandes empresas de nuestro entorno, en AZSA, Arcelor, Fertiberia, Cristalería, ahora Chemastur e incluso DuPont. Aquí nunca van a entrar barcos de 300.000 toneladas, como en Gijón, pero sí los medianos, los tipo Pánamax, que son los que están entrando.
-¿Qué papel jugará Avilés en la Zona de Actividades Logísticas?
-En la ZALIA hemos asumido pequeñas acciones por afán de colaborar con el proyecto. No podemos estar al margen de una zona logística de ámbito autonómico, que no sólo está pensada para Gijón. De todos modos, el tema de estas zonas logísticas es complicado. La de Venta de Baños no está dando grandes resultados aunque sí cumple su cometido como depósito de coches que pudieran llegar a convertirse en un tráfico más del puerto. En principio ya va a tener como consecuencia que vamos a hacer una terminal 'roll-on/roll-off' para que estemos preparados para el tráfico de coches.
-¿Anuncia una terminal de cargas rodantes?, ¿qué nuevos tráficos se prevé captar?
-Sí, no tenemos por ahora una terminal de cargas rodantes y la vamos a incluir en nuestro plan de empresa para la margen derecha. En cuanto a nuevos tráficos... hay buenas perspectivas con Chemastur, las cenizas de Arcelor, y cuatro o cinco empresas que esperan asentarse en torno al PEPA con repercusión en tráficos marítimos.
-¿Qué hay de los cementos? El proyecto propuesto por la cementera La Unión hablaba de un tráfico de un millón de toneladas anuales.
-Estamos pendientes de convocar un concurso para el que no corre gran prisa. Hay dos proyectos, y uno de ellos, de un cliente habitual, plantea algo relacionado con las cenizas de Arcelor y convertir Avilés en su puerto básico. El otro habla de un millón de toneladas, pero los números se dicen fácil, luego hay que analizar las cosas y tomar decisiones.
-¿Cómo van las negociaciones con Arcelor sobre el uso de sus muelles?
-Prácticamente finiquitadas. Nos separan algunas cuestiones, pero es que hay que ordenar todo lo que se había venido haciendo a lo largo de décadas cuando todo era de una misma entidad. Ahora hay Parque Empresarial, sociedad de gestión del suelo de Ensidesa, Arcelor y nosotros. Por ahora las empresas del PEPA pueden acceder a los muelles, pero hay que pedir permisos y una serie de condicionantes que en un futuro podrían causar problemas. Por eso queremos dejarlo todo bien afinado y esperemos conseguirlo en los próximos meses.
-De ese modo, ¿será la gestión de la futura lonja lo único que les puede provocar dolores de cabeza?
-Eso es algo que no acabo de entender. Cómo es posible que una inversión que empezó en nueve millones y superará los 12 levante tantos problemas. Si hay defectos en la construcción de la lonja, ¿cómo no se pusieron sobre la mesa en su debido momento? En cuanto a la gestión, ésta saldrá a concurso como marca la ley, y la Cofradía de pescadores tendrá muchas posibilidades porque son los que más saben y conocen, pero el concurso tendrán que ganarlo. Esta casa hará lo posible por que la gestión no caiga en un colectivo concreto, sino en todo el sector, todas las partes, de armadores, fresqueros, vendedores... que la lonja sea algo de todos.