-¿Qué supone el anuncio de construcción del centro Oscar Niemeyer para el puerto?
-¿Nos ha roto un poco los esquemas que teníamos previstos para la zona de usos terciarios del puerto. Ahora estamos supeditados a las necesidades del centro cultural para decidir qué hacemos con nuestros suelos, pero no creo que haya problemas. Nuestra idea de sacar a Aceralia de esa zona más próxima a la ciudad para que se ubique en los nuevos muelles y de sacar un espigón para barcos de vela grandes o cruceros son compatibles y estamos en ello.
-¿Cómo están las negociaciones para traer cruceros a la ciudad?
-Hemos estado en la feria de cruceros de Miami y hemos tenido contactos con uno de los más eficaces miembros del sector: el presidente del puerto de Civitavecchia, en Roma. El anuncio del centro Niemeyer ha sido todo un cambio, disparó el interés de las empresas de cruceros que ya nos preguntan a cuántas millas estará del Guggenheim. Para el próximo año ya presentaremos nuestra oferta con un expositor en la feria de Miami. Aspiramos a cruceros pequeños o medios, de 300 pasajeros y doce metros de calado, que es para lo que tendríamos capacidad.
-Se le ve muy optimista.
-A veces me asombro a mí mismo y me da la impresión de que puede parecer que vendo humo. Pero con el tiempo vemos que van saliendo cosas, ahí está el paseo de la ría, los proyectos en marcha, la paz social en el seno del puerto, con sus más y sus menos... Con el centro Niemeyer, pues iba siendo hora de que a Avilés le tocara algo importante y parece que nos ha tocado, y hay que aprovecharlo.