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Domingo, 23 de abril de 2006
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El alto contenido de grisú ha dejado un rastro de muerte en el pozo mierense
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El dramático accidente en el pozo Nicolasa de Ablaña -en el que perdieron la vida 14 mineros por una explosión de grisú en la capa octava- sembró el dolor en Mieres y marcó un antes y un después en la seguridad minera. Ocurría en 1995.

Las administraciones y la propia empresa Hulleras del Norte, S. A. (Hunosa) iniciaron un largo trabajo de investigación para conocer el comportamiento del gas en las minas y evitar nuevas tragedias.

Pero, pese a que la Universidad de Oviedo lleva varios años estudiando la capa octava del pozo Nicolasa, los expertos reconocen que todavía queda mucho trabajo por hacer.

14 años de incendio

Las investigaciones les han permitido determinar que antes de producirse un desprendimiento de gas, el terreno sufre pequeños movimientos y empieza a deformarse. Otro de los peligros de la explotación mierense es el incendio que se mantiene en la capa octava desde 1992 y que el pasado mes de mayo fue protagonista del último accidente que provocó quemaduras a dos trabajadores. «Las piedras que caían te quemaban la mano», recuerda uno de los últimos mineros que trabajo en esa zona.

El foco de calor se generó por la oxidación de carbón picado. El contacto del azufre que contiene el mineral con el oxígeno produce una autocombustión que se mantiene por las condiciones de la ventilación. Quienes conocen el fenómeno aseguran que no es extraño pero tampoco habitual, a pesar de que en el pozo Montsacro existe otro de esos incendios. La mecanización y la utilización métodos como el sutiraje aumentan el peligro.



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