En esta tierra de murgas -o comarcas ex mineras-, nos despertamos últimamente con simpáticos feriales de diversa índole. Entre ellos, y por derecho propio, descuella el botellón legal que se celebró en Langreo el sábado pasado, en respuesta a la ufana y generosa invitación para empinar el codo a base de sidra que nos brindaron con alegría los poderes fácticos felguerinos. Y eso junto a una exposición de coches, que aunque poco casen, por cierto, con el alcohol, hemos de suponer que sería solamente una cuestión de estética. En todo caso, la celebración más fulgurante, al llegar los últimos días de abril, es la que tiene como protagonistas nada menos que a los libros.