Hace un año, al día siguiente de la final de la Liga de Campeones despachada en Turquía, seguidores del Liverpool y del Milan se acercaban a él, en las calles de Estambul, para felicitarle por su actuación de la noche anterior en el estadio Ataturk. Los 'supporters' ingleses lo hacían con acento de euforia tras haber logrado el título que llena de lujo las vitrinas de cualquier club europeo y los 'tifosi' italianos, rumiando aún a esas horas la derrota, desde el reconocimiento a la labor de un langreano de 41 años de edad, trabajador de Correos, casado y con un hijo, que en 2005 fue considerado uno de los dos mejores árbitros del mundo por la Federación de Historia y Estadística del Fútbol Internacional, con sede en Alemania.