Las alarmas sanitarias registradas en Asturias estos últimos años recogen casos llamativos y traen a la memoria enfermedades que se creían olvidadas. La lepra, de la que hubo un caso, es una de ellas. La afectada era mujer ecuatoriana que años antes había sufrido fiebre tifoidea en su país de origen.
En este grupo se enmarcan los casos de paludismo, 15 en total, o los seis que hubo de Creutzfeldt-Jakob, una de cuyas variantes (de la que no hay afectados en España) está ligada al mal de las 'vacas locas'. También se produjeron sospechas de poliomielitis, que fueron solo eso, sospechas, y un brote de fiebre Q, una extraña neumonía que transmiten las ovejas durante el parto, que afectó a 122 personas del concejo de Aller.
Pero, de entre todas las alertas, hay una especialmente reseñable. Tuvo lugar en 2002, en plena batalla del etiquetado de la sidra. Una deficiente manipulación en la colocación de las etiquetas hizo que dos botellas acabaran en su interior con sosa cáustica. Dos personas resultaron afectadas. Salud lo enmarcó como intoxicación química.