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Martes, 25 de abril de 2006
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CUENCAS
LA LUCIÉRNAGA
La murga del libro
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En esta tierra de murgas -o comarcas ex mineras-, nos despertamos últimamente con simpáticos feriales de diversa índole. Entre ellos, y por derecho propio, descuella el botellón legal que se celebró en Langreo el sábado pasado, en respuesta a la ufana y generosa invitación para empinar el codo a base de sidra que nos brindaron con alegría los poderes fácticos felguerinos. Y eso junto a una exposición de coches, que aunque poco casen, por cierto, con el alcohol, hemos de suponer que sería solamente una cuestión de estética. En todo caso, la celebración más fulgurante, al llegar los últimos días de abril, es la que tiene como protagonistas nada menos que a los libros.

En una comarca como ésta, donde las librerías sobreviven gracias a la prensa deportiva y a los chicles (quiere decirse que librería, librería no existe casi ninguna que no tenga que ocuparse en cualquier otra actividad con la que poder mantener los resultados económicos), resulta bastante extraño que, desde hace tiempo, se le dé a la conmemoración libresca, en actitud de evidente hipocresía social, una dimensión muy desligada de la realidad.

Ignorando que el hábito de la lectura, como cualquier otro placer refinado, requiere constancia, dedicación, pasión, tiempo y paciencia, salen, de repente, algunos defensores de esa sana pero difícil costumbre, a decirnos que somos unos burros, que leemos poco y que hay que leer más. Como si hacerlo tuviera que ser un hecho puntual -igualito a lo de emborracharse con sidra- con que llenar estas semanas en que abril abre sus árboles, y como si esa labor requiriese de un púlpito y de algunos sacerdotes dispuestos a reclamarnos que practiquemos lo que para ellos es, sin duda, y por las asnadas que uno se ve obligado a escuchar, hábito al que no están acostumbrados.

Pero la vida es así, plagada de paradojas y de bobadas. A quienes leemos desde que tenemos facultad intelectual para hacerlo y ocupamos muchas horas de nuestro tiempo con esa rica y gratificante actividad, no nos queda otro remedio que indigestarnos con lo que la administración, el 'intelectual' al uso o el mandamás de turno -en pos de una imagen política 'culta'- sin vergüenza nos arrojan a la cara durante estos días. Lo que, por supuesto, no deja de ser una murga más.



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