TRAS los dos atentados del fin de semana, el sábado en Navarra y el domingo en Vizcaya, los dirigentes de Batasuna no tuvieron otro remedio que referirse a los sucesos en público. Permach y Barrena dijeron que se trataba de «hechos muy graves» que deberían mover a una «profunda reflexión». Con tan ambiguas palabras dieron por cumplidas las concesiones que tenían que hacer en esta fase especial en la que nos encontramos, cuando el Gobierno va a ir a una negociación directa con ETA. Para que nadie se llame a engaño, demandaron responsabilidad al Gobierno para que se termine la «violencia estructural por parte de los estados». El plural («estados») quiere decir que también incluyen a Francia. La solución a este clima de violencia la cifraron en una mesa de partidos que ataque las «raíces del conflicto político».
Batasuna no condena explícitamente los atentados y mantiene la tesis de siempre: la violencia etarra y la 'kale borroka' son un fenómeno de respuesta a la violencia del Estado. El terrorismo como legítima defensa. Nadie puede escandalizarse por estas declaraciones, ya que mantienen una línea de continuidad desde hace casi 40 años. Lo único llamativo es que el portavoz del Gobierno, Fernando Moraleda, diga que toma nota de las declaraciones de Permach y Barrena, porque se solidarizaron con las víctimas y mostraron su voluntad de que no haya más atentados. Unas conclusiones voluntaristas que remató Moraleda con esta frase, «Batasuna va por el camino que deseamos». Lo mínimo que cabría decir es que el Gobierno confunde deseos con realidad.
Sólo caben dos explicaciones para el doble atentado: o hay miembros del grupo ETA-Batasuna que no están por el alto el fuego permanente, o todo el conjunto terrorista se reserva modos de presión que se creían incompatibles con el cese de la violencia. En cualquier caso, lo más relevante es que ha quedado patente el peligroso camino por el que se va a internar Zapatero, ya que el crédito del Gobierno queda a merced de que un pequeño grupo decida poner una bomba. En cuanto se acerquen los comicios, las candidaturas socialistas quedarán expuestas a un atentado táctico, que sería más devastador para los intereses electorales del PSOE que la versión más brillante de Rajoy.